No se equivoque, el mercado es un lugar reflexivo

Considera Soros, filosofofo y especulador legendario, que es indispensable entender lo que sucedió durante la ilustración para entender qué pretende ser y no es la economía. Durante ésta se sentaron las bases de la sociedad en las que vive este hombre supuestamente postmoderno. Pero todo nuevo amanecer suele asentar nuevos prejuicios. El hombre ilustrado concibe a la razón como un elemento total, como un instrumento capaz de comprenderlo todo con absoluta precisión. El hombre ilustrado presenta una actitud caracterizada por una ingenuidad tan maravillosa como peligrosa. Sé por experiencia propia como se paga la ingenuidad.

La ilustración supuso el principio de una nueva era para el hombre, pero también el de una ciega complacencia que aún perdura en muchos ámbitos. Frente a los idealistas y su concepción del mundo, y sin caer en la desesperación como hacen enfoques radicalmente contrapuestos, filósofos como Horkheimer, Popper o Adorno, por ejemplo, considerarán que nadie tiene acceso a la verdad definitiva y que la comprensión del mundo es intrínsecamente imperfecta en el mejor de los casos, poniendo a la razón en su sitio, reconduciéndola hacia el papel de mediador, de instrumento, y no de fin en sí misma. He hablado desde este blog de la importancia de entender que nuestra tarea es acercarnos a la realidad, proponiendo la necesidad de hacer uso de gráficos total return, partiendo de esa idea filosófica -que practican los auténticos hombres de ciencia- y que nos advierte de que siempre estaremos lejos de la realidad porque no está vedada.

Estas ideas tal vez puedan parecerle una obviedad a usted, que es persona de sentido común y por eso está leyendo este blog, pero luego resulta que no lo son tanto. El mundo de hoy es el fruto de cosas que vienen de lejos y ya no discutimos, de postulados que resultan poco firmes para aquel que se atreve a cometer la vulgaridad de realizar la prueba del algodón. ¡Con lo bonitas que son las teorías! Aristóteles, el primer filósofo de la ciencia, afirmaba que las mujeres tenían una muela menos que los varones. Murió creyéndolo. El primer gran filósofo de la ciencia no se dignó a poner a prueba su teoría abriéndole la boca a una dama.Sería porque era misógino militante.

La ilustración fijó los condicionantes del método en el que se desarrollará definitivamente la ciencia, y por su puesto la economía. Y si la ilustración considera que la razón es capaz de todo, su método científico partirá también de esta consideración. La economía, “ciencia” antigua -y tantas veces arcana-, floreció tal y como hoy la conocemos en el modo en que la proyectó la ilustración; en sus virtudes, pero también en sus prejuicios como le introduje en el reverso tenebroso de la razón.

En sus trabajos, Soros constata los problemas de las previsiones económicas, lo distantes que están tantas veces de la realidad. El genio húngaro plantea esa pequeña gran trampa que es la famosa coletilla ceteris paribus -si las condiciones no cambian- que todos nos hemos encontrado en nuestros viejos libros de economía, y se pregunta sobre el método. Ahí radica para él el germen de la problemática con que se encuentra el que se acerca al mercado desde la idea de episteme, de verdad y conocimiento verificable. Por ello soros disiente del pensamiento de Popper y considera que no es posible aceptar que ciencias naturales y ciencias sociales puedan compartir un mismo método. Soros constata que, a diferencia de en las ciencias naturales, como pueda ser la astronomía, en las ciencias sociales existe una constatable interdependencia entre el sujeto estudia y el objeto de estudio. Esa interdependencia entre sujeto y objeto es lo que denominará “reflexividad”.

La reflexividad choca directamente con el concepto básico con el que ha venido operando la economía -y con el que lo hacen la mayor parte de los modelos convencionales de predicción tanto fundamentales como macroeconómicos-: el equilibrio, heredado de la física newtoniana derivada de la ilustración. Los principios establecidos por Newton fueron considerados durante dos siglos episteme, saber cierto. Hoy entendemos el conocimiento como la aceptación provisional de algo, sabedores de que en algún momento será rebatido por otra cosa. Cuando la filosofía se vio sometida a los nuevos pensamientos especulativos que propondrían los pensadores del siglo XX, la economía es ya era autónoma, había sido elevada a los altares y era practicada por gentes con pretensiones muy distintas a las que tuvieran los padres ilustrados.

Soros piensa que los fundamentalistas del mercado -no confundir con los analistas fundamentales- tienen una concepción radicalmente viciada porque creen que los mercados tienden al equilibrio. Pero la teoría del equilibrio en economía se basa en una falsa analogía con las ciencias naturales. Los objetos de estudio que abarcan éstas viven como en un universo independientemente de lo que cualquiera piense sobre éstos. Eso no sucede en las ciencias sociales. Algo que es estudiado se ve alterado en mayor o menor medida por aquel que lo estudia, y el que estudia algo es a su vez alterado por aquello que está estudiando. Por otro lado, los mercados financieros intentan predecir un futuro que está supeditado a las decisiones que las personas toman en el presente. Soros piensa que los mercados, en vez de limitarse a reflejar pasivamente la realidad, crean activamente la realidad que, a su vez, reflejan. Es lo que llama reflexividad.

La reflexividad, que está ausente en las ciencias naturales -seguramente a ello se deben nuestros aplastantes nuestros triunfos científicos-, es un elemento protagonista en todas las actividades en las que intervienen seres humanos informados. Sucede así por tanto en todas las ciencias sociales, entre ellas la economía. Parece por tanto un error de partida el considerar que las ciencias sociales pueden compartir método y pretensiones con las ciencias naturales. Si podemos dudar de la capacidad del hombre para captar la realidad en tanto que tal, siendo probablemente parcial nuestro modo de ver en cualquier caso; entonces, en lo social y por tanto en lo económico, resulta casi patética nuestra falta de capacidad para acercarnos ésta antes de que se nos eche encima. Una realidad que, además, está en cambio constante y que no responde a universales como puedan hacerlo la física, la geología o la astronomía.

En las ciencias naturales la relación entre los sujetos que estudian, los científicos, y los objetivos de estudio, los fenómenos que intentan explicar éstos, discurre en una sola dirección. Si un enunciado se corresponde con los hechos será considerado verdadero mientras no sea confutado, siendo falso en caso de que no haya correspondencia entre hipótesis y hechos. Así avanza el conocimiento. Un conocimiento que los agentes del mercado no pueden permitirse dado que deben formular continuas extrapolaciones sobre el futuro; un futuro que al tiempo que intentan anticipar, condicionan y modifican con su predisposición en tanto en cuanto que su sesgo influye en el resultado final de los acontecimientos que intentan prever. Un futuro que es por tanto bidireccional, que es afectado por aquellos que piensan sobre él al tiempo que éste les influye a ellos.

Ya nos lo advirtió Lao-Tsé: los que tienen conocimiento no hacen previsiones. Los que hacen previsiones no tienen conocimiento.

Soros constata que el problema de la economía convencional reside en que en lo social es más importante la idea de reflexividad que la de equilibrio. Citándole textualmente: en vez de conocimiento, los actores del mercado comienzan con un sesgo. O bien la reflexividad actúa para corregir el sesgo, en cuyo caso se tiene una tendencia al equilibrio, o bien el sesgo puede verse reforzado por una retroalimentación reflexiva, en cuyo caso los mercados pueden alejarse mucho del equilibrio sin regresar al punto del que partieron. Los mercados financieros se caracterizan por ascensos y descalabros, y es ciertamente sorprendente que la teoría económica continúe basándose en el concepto de equilibrio, que niega la posibilidad de estos fenómenos, ante la evidencia. La posibilidad de desequilibrio es inherente al sistema financiero; no es sólo el resultado de conmociones externas…

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10 comentarios en “No se equivoque, el mercado es un lugar reflexivo

  1. Hola Carlos. He intentado confirmar el autor de la cita. No lo he conseguido al 100%; también depende de la traducción. Creo que fue Lao Tsé en vez de Confucio, pero sólo es un ‘yo creo’.
    Gracias. Es un placer seguirte.

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  2. Siempre he pensado que las proyecciones de ventas, de ingresos…etc, carecen de todo sentido, entre otras cosas porque se sustentan en datos de períodos anteriores, y no hay forma de asegurar que el escenario del que partimos se va a mantener en el tiempo. Nadie sabe cuándo aparecerá un cisne negro.

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