Sobrevivir es lo primero: reflexibilidad y falibilidad

Establecer bases de pensamiento antes de enfrentarnos al mercado me parece indispensable si queremos reforzar nuestra capacidad para enfrentarnos a algo que cambia rápido y va a moverse, frecuentemente, contra nuestras ideas, pensamiento e intereses. Sobrevivir es lo primero. Por eso he empezado a introducir las ideas de Soros la semana pasada en un artículo sobre la reflexibilidad. Soros la define considerando que nuestro pensamiento influye activamente en los hechos en que participamos y sobre los cuales meditamos. Esto supone que debe considerarse la existencia diferenciada de una realidad y de una percepción de dicha realidad; luego existe una divergencia entre éstas expresada como sesgo de los actores pensantes.

El pensamiento juega un doble papel en su íntima relación con la realidad, uno pasivo, intentando comprenderla, y otro activo, participando activamente en la configuración de los acontecimientos. Y si bien es cierto que existen sucesos que se producen con total interdependencia de lo que cualquiera piense sobre ellos -estos son los que constituyen el material de estudio de las ciencias naturales-, no lo es menos que los hechos sociales, por la presencia de actores pensantes, suponen una relación entre pensamiento y realidad muchísimo más compleja de lo que parece tomarse como punto de partida en las aproximaciones más convencionales al mercado.

Pensamiento y realidad se entremezclan, se condicionan mutuamente. Los acontecimientos del mundo humano presentan una relación bidireccional, por una parte los actores intentan formarse una imagen de éstos que se corresponda con la realidad. Por otra, intentan consciente o inconscientemente tener una repercusión sobre los mismos, interaccionando voluntaria o involuntariamente con la realidad que estudian. Por tanto, el entendimiento de dichos actores no puede ser considerado objetivo. Y toda vez que sus decisiones no se basan en conocimientos objetivos, resulta más que probable que expectativas iniciales y los resultados finales presenten una distancia considerable.

Conocimiento imperfecto y resultados inciertos es, por tanto, lo que nos espera. Reflexividad para empezar, falibilidad para continuar… ¡Qué panorama! Vivimos por tanto en aquella caverna de la que nos hablaba Platón y no podemos escapar completamente a ella por mucho que nos esforcemos. Caminamos más o menos iluminados, pero siempre entre sombras. Tenerlo claro facilita nuestra preparación psicológica para enfrentar el error. Y saber relacionarnos con él va a resultar clave en una actividad donde la diferencia no la marca acertar o fallar sino saber ganar y saber perder.

Habrá escuchado muchas veces aquello de que el mercado se equivoca y que la política de inversión correcta es gestionar una cartera en el largo plazo porque al final éste se percatará de sus errores. Sólo por una cuestión de coste de oportunidad, concepto con el que se bautiza a cualquiera en economía, esta postura es cuestionable. Desde luego queda muy claro que la falibilidad es algo más bien poco contemplado por la mayoría de los agentes.

Si me permite una analogía, falibilidad y mortalidad me parecen hechos ante los que obramos casi de la misma manera. Todos conocemos nuestra finitud, pero en general vivimos sin hablar casi de ella, sin mirarla, pasando de puntillas por encima de algo que enfrentaremos con toda seguridad. Con los errores pasa algo parecido pese a que son parte del camino por el que evolucionamos: la experiencia. Así piensan los budistas, que consideran que sólo es conocimiento cierto aquel que hemos aprendido por la vía de la experimentación personal -el bhabana maya panna-. Sin embargo, a la gente no le gusta hablar de los errores. Errar es humano afirmamos mientras disfrutamos de una buena tertulia de sofá… Humano el último, gritamos cuando actuamos. Pocas cosas resultan más detestables para la gran mayoría de nosotros que darle vueltas al error, pese a lo  perjudicial que resulta para nuestros propios intereses no meditar sobre ello. Personalmente, reclamo desde hacer años mi completo derecho a equivocarme, y encuentro que es algo terapéutico además de generoso hablar de ello.

Convendremos fácilmente casi todos que resulta lógico asumir que un enunciado es verdadero -al menos provisionalmente- si y sólo si se corresponde con los hechos. El problema de las situaciones donde intervienen actores pensantes reside en que en tales casos, los hechos no suceden con independencia de lo que los actores piensen, sino que reflejan en buena medida la repercusión de sus decisiones. Consecuentemente podrían no reunir los elementos necesarios para ser un criterio independiente a la hora de determinar la veracidad de sus enunciados. Es aquí donde se separan el pensamiento de Soros y el de Popper. Falibilidad más reflexibidad. Para Soros, falibilidad supone considerar que la comprensión del mundo en que vivimos es intrínsecamente imperfecta. Si además tenemos ante nosotros algo que cada cual intenta abarcar a su manera, como recalcaba en mi post sobre la doble personalidad de las empresas, estamos entonces en condiciones de liarla parda. Doxa -conocimiento conjetural-. Y esto, en un universo reflexivo, puede ser muy poca cosa. Ojo por tanto con olvidar que lo primero es la supervivencia ligándose a alguna idea incorruptible que debe conducirle inexorablemente al éxito y/o la riqueza.

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2 comentarios en “Sobrevivir es lo primero: reflexibilidad y falibilidad

  1. Hola Carlos, me ha gustado mucho tu nuevo artículo. Es difícil aceptar que la idea (ya sea de inversión, de negocio o para escribir un libro) que en tu mente era prácticamente perfecta no encaje tan bien en la realidad, en la terca realidad. En lo que a mí respecta, los errores me han servido de mucho. Menos mal porque cometo multitud de ellos. En el caso concreto de las inversiones, aparte del orgullo herido por errar, se mezclan otras emociones, como la preocupación por no llegar al nivel de ahorro requerido para tu jubilación, o para pagar la universidad a tus hijos…en fin, un cúmulo de emociones que, si no te ciñes a un sistema, pueden provocar que te precipites en tus decisiones. En ello estamos todos a los que nos gustan los mercados financieros. Gracias por dedicarnos parte de tu tiempo.

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