El camino del acontecimiento más probable (y 2)

Hagamos un inciso en este post cuya primera parte os dejé hace un par de días y viajemos por un momento a la antigua Grecia. A la Atenas donde pasó mucho tiempo Aristóteles, en el siglo IV AC. Una época de democracia y leyes, prominentemente oral, donde los argumentos resultaban capitales para el progreso de las ideas. Esto fue así en parte por la naturaleza de su sistema político, donde las decisiones sobre asuntos públicos o litigios privados las tomaban grupos humanos cuya opinión debía decantarse de un lado u otro, luego donde la justicia era administrada a la luz de las convicciones de magistrados a los que había que convencer para que dictaran sentencia.

Es justamente así como funciona un mercado financiero: una democracia cualitativa donde nos encontramos con seres humanos tomando decisiones, votando con sus dólares, yuanes, pesos, euros, yenes… De nada servía en el tiempo de los antiguos griegos esa verdad con la que especulaban sus filósofos si uno se encontraba frente a unos magistrados poco amistosos -el buen Sócrates podría hablarnos de ello si regresase-. En nuestro mundo, el de los mercados financieros, de nada servirá una hipótesis sobre la realidad futura que intentamos descontar, si no es apoyada posteriormente por los precios en el mercado. La naturaleza de los procesos judiciales proporciona una perfecta analogía con mercados financieros: usted puede ser inocente y acabar en el corredor de la muerte. No se olvide, los precios dictan sentencias, y muchas veces son injustas porque a uno se le ha acabado el dinero para seguir pidiendo tiempo.

Platón, el primer gran idealista, siempre mostró un gran desprecio por la retórica. En su diálogo Gorgias trata de demostrar que ésta, como arte, consiste en la habilidad de defender lo indefendible siempre que produzca suculentos beneficios con independencia de la moral. Frente a esta retórica en aquel tiempo aparentemente convencional, Platón propone en otro de sus diálogos -Fedro- una retórica ideal, como no, en que una persona virtuosa puede dirigirse hacia la verdad a través de un conocimiento preciso de ciertas técnicas -la mayéutica-. De lejos vienen las pretensiones humanas de conocer en la totalidad, y las críticas a las posiciones pragmáticas. Platón vivió siempre en una eterna cruzada contra los sofistas, y como en toda cruzada llega un momento en que el fin justifica los medios cargando si es menester contra todo en aras de la verdad y la moral, incluso allí donde lo moral no tiene cabida, incluso cuando sospechamos que la verdad es un instrumento de supervivencia psicológica creado por nuestra mente. Avíseme si en algún momento piensa que este blog se ha tornado una cruzada, pues se lo agradeceré. Yo, por naturaleza, soy un idealista, y debo hacer esfuerzos constantes para domesticar a mi licenciosa mente. Aunque ya sabe aquello que dijo Séneca: más seguro está en la virtud aquel que ya pasó por los vicios.

El mercado financiero, para los que participan activa y librementemente en él, es lo más parecido a un mundo en configuración, donde lo que prima es la ley de la selección natural, donde los más aptos se imponen los demás.

Aristóteles, como en tantas otras cuestiones, nos permite regresar del mundo ideal de su maestro poniendo de manifiesto todo el interés que tiene para su sociedad la retórica. El estagirita considerará que la retórica, como la dialéctica, no es moral ni inmoral en sí misma, sino que nos la planteará como un simple instrumento intelectual que puede aplicarse a determinados objetivos. En el caso que hemos tomado, podría servinos para conseguir que el mercado, a través de sus magistrados los precios, nos sea propicio. Aristóteles se dio cuenta de la naturaleza del sistema en que vivía realmente, y de la importancia que tenía adaptarse a él para, incluso, sobrevivir. Es de imaginar que su conclusión sobre la muerte de Sócrates fue muy distinta a la que sacó su maestro, por lo que decidió llevarse bien con el mundo en lugar de enfrentarse a él. Intelegente por su parte, afortunadamente en el mundo seguimos quedando platónicos. Pero cuando hablamos de rentabilizar nuestro dinero -o de dinero a toda costa si se elige ese patético camino-, bien finito y necesario que cuesta mucho más mantenerlo que conseguirlo, quizá sea bueno bajar del Topos Uranos y ejercer con cierto pragmatismo. Se lo digo yo, que le reconozco que me ha costado y me sigue costando.

En un de sus obras, cuyo nombre le será fácil de deducir, Aristóteles contrapone dialéctica y retórica. Si para Platón la dialéctica era razonar sobre todo problema que se proponga a partir de cosas admisibles, para Aristóteles la retórica es la facultad de considerar en cada caso lo que puede ser convincente. Pensar en lo impensable, uno de los lemas que siempre hemos propuesto en Ágora.

Si para admitir algo debemos saber que es cierto, y los mercados descuentan un conocimiento imposible de contrastar a priori debido a la existencia de reflexividad y conocimiento imperfecto, resulta obvio que no podremos trabajar sobre ideas plausibles, sino que debemos conformarnos con cosas razonablemente probables. Una postura que Platón habría criticado con acidez, dedicándonos un diálogo apasionante entre Sócrates y Soros. Pero Aristóteles fue muy crítico con sus antecesores en este aspecto. Para él, la retórica tendrá en común con la dialéctica el estar basada en razonamientos, pero el razonamiento retórico es algo basado en premisas probables, un entimema, algo distinto a un razonamiento científico o silogismo.

Los analistas técnicos habríamos obrado, más o menos inconscientemente, del mismo modo. Decepcionados por la divergencia entre la realidad final y lo esperado a priori por los métodos convencionales, habríamos “renunciado” incluso a comprender a la realidad, o al menos a comprenderla a priori. Sabiendo que nuestra capacidad cognitiva para percibir la realidad es no sólo imperfecta sino que se produce de modo reflexivo -luego que resulta imposible partir de premisas irrefutables-, habríamos optado por apostar por el acontecimiento más probable de modo sistemático. A través de patrones, los analistas técnicos -así como cualquier otro tipo de inversores que se acerquen al mercado desde un acercamiento conductual- se considerarán capaces de medir las fuerzas dominantes en el mercado; pero simplemente en términos probabilísticos.

Los analistas técnicos han constatado positivamente dos cuestiones: por un lado, la existencia de pautas. Por otro lado, la existencia de tendencias, una propensión a la continuidad en las inercias/ideas dominantes. Apostar por tendencias y pautas de comportamiento es pensar en términos de lo más probable estadísticamente. Luego los analistas técnicos, para entenderse en su ágora con ese único juez irrefutable que es el precio, no encuentran otro camino que el de optar por planteamientos retóricos frente a planteamientos dialécticos o científicos, entimemas frente a silogismos, tal y como proponía Aristóteles.

A partir de la probabilidad, el éxito consistiría en saber administrar aciertos y errores. En la actitud. Aceptando como premisa que podemos estar en condiciones de saber cuál es la fuerza dominante con cierta probabilidad, si somos capaces de conseguir una cantidad de producto mayor en los aciertos que en los errores inherentes al propio método -y siempre que se haga una gestión que permita que el capital no se agote antes de que lo más probable suceda-, nuestra actividad en el mercado será forzosamente rentable a largo plazo. Hay por tanto que incidir, nuevamente, en la importancia de la actitud, en cómo administramos la probabilidad. Para ganar lo primero es sobrevivir, y por ello cualquier método debe tener vocación de medio/largo plazo aunque se opere a corto plazo -el riesgo monetario se controla mejor cuanto más a corto plazo se opera, aunque esto puede resultar muy problemático en términos de costes operativos y emocionales, ojo, pero de esas cosas me ocuparé más adelante…-. Ya estamos listos para empezar con cuestiones más técnicas.

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7 comentarios en “El camino del acontecimiento más probable (y 2)

  1. Apreciado Carlos . no me he atrevido a comentar ninguno de tus ultimos Posts ya que me siento abrumado por tanta materia para la reflexión y mi mente ya no es la de aquel estudiante de bachiller al que le gustaba tanto la filosofía . Sí te confieso que para mí el Blog se está convirtiendo en una cruzada pero esto dista mucho de ser una crítica hacía tí y sí una constatación de los límites de uno . La única reflexión que se me ocurre , y espero no irme por los cerros de Ubeda , es lo frustrante y dificil que tiene que ser para los analistas que supuestamente otorgan precios “objetivos” en comparación con los técnicos que casi sempre tienen una salida “honorable” a sus errores . Pieneso en una acción con la que estuve a punto de arruinarme y ahora me llena por los cuatro costados . Sí fuí de los locos que apostó por Gamesa ya hacie varios años y que caí en el infierno de ir a tumba abierta y comprando con cada caida . me costó menos aguantar la desgracia de ver cómo cada apuesta se convertía en perdida que lo contrario y salvo en unas cuantas ocasiones recogía beneficios que ahora me parecen magros a la vista de la vuelta impresionante de GAM desde los Eur 1,00….pero a lo que voy ….pensar que con cada nivel el precio objetivo se fué corrigiendo en función de la triste o sorprendente realidad me ha hecho definitivamente abandonar cualquier tipo de credibilidad a esos analistas y claro llego a la conclusión que el técnico es quizás el analísis más certero , dentro de sus limitaciones. Perdon por el rollo . Fernando

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    1. ¡Sin duda Fernando! Es muy difícil el trabajo del analista fundamental. Imposible de hecho. Digamos que venimos a hacer lo mismo: cambiamos nuestras ideas a medida q no encajan en el mercado. Pero nosotros somos conscientes de ello y eso no otorga ciertas ventajas. Yo descansé mucho el día que leí a Soros preferir a un técnico dentro de lo malo, debo reconocerlo… 🙂 ¿Pedón? Para nada hombre, mil gracias por animarte a participar.

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  2. Venga, me animo yo también…

    Me ha resultado muy interesante el post, aunque muy complejo y denso para alguien que, como yo, tiene pocos conocimientos en filosofía. Leyéndolo dos veces, he entendido el fondo a la perfección.

    Una curiosidad, puedo estar equivocado, pero tras leer el segundo párrafo y las referencias a la Grecia Clásica, creo que ya sé de dónde viene lo de Ágora y por qué ese nombre. Si estoy en lo cierto, muy agudo y acertado.

    Y para concluir, no pierda, por favor, la grabación de la intervención en Capital Radio de ayer porque es una joya. Si hace diez años -cuando estudiaba Economía en la universidad- me hubiesen puesto eso, lo hubiese agradecido mucho.

    Muchas gracias por hacernos reflexionar…

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    1. ¡Gracias por animarte! Has dado en el clavo con Ágora (nuestra primera marca, Bolságora, ya jugaba con ello). Creo que fue una buena intervención, sí… De hecho la mandamos a todos las personas que están suscritas a la app de Ágora con un texto que decía algo así como: filosofando con Laura Blanco y Carlos Doblado… 😉

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