Tercera premisa: la acción del mercado lo descuenta todo

Los analista técnicos entienden que cualquier elemento, económico, político, sociológico, psicológico o de cualquier otra índole que pueda tener influencia sobre el mercado -y ello incluye incluso a los actos de la providencia-, se ve de por sí reflejado en el comportamiento de los precios; dado que se forman por interacción de todos los factores que ejercen alguna clase de influencia sobre éstos. O lo que es lo mismo, que el análisis de los precios es el estudio de cómo, conjuntamente, todos estos factores confluyen en el mercado e influyen en sus movimientos.

En definitiva, el análisis técnico -contra lo que puedan decir algunos radicales dentro de o frente al discurso técnico- no es más que un modo de analizar la oferta y la demanda en el mercado -las expectativas de las mismas en realidad-, pero lejos de la aproximación convencional que procura estudiar independientemente a una y otra para establecer cuál debería ser la expresión resultante de su interacción en unos precios que se entiende que son el resultado de las mismas. Lejos de esta pretensión, al alcance de individuos con un “don” o entes prescientes, el análisis técnico pretende estudiar al mercado desde los precios, analizando cuál es su intensidad y hacia donde tienden sus fuerzas tomando como referencia patrones. El análisis técnico tiene interés precisamente en cómo se comportan o vienen comportándose oferta y demanda, y a partir de ello establece hipótesis sobre el posible comportamiento a futuro de los precios y, más importante, propone acciones de trading y las condiciones de refutación de las mismas.

Para nosotros los técnicos, el estudio de los precios es al tiempo el estudio de todas las variables que afectan al mercado, lugar en que se están fijando éstos. En los precios se verán necesariamente reflejadas todas las variables, que no son más que componentes de éste en su justa medida y ponderación -además, en este caso, ésta no es asignada por un analista o grupo de analistas sino por el propio mercado-. Esto, frente a lo que suele argumentarse en contra del análisis chartista, le conferiría una gran dosis de “objetividad”. 

Puede decirse por tanto que en la medida en que los precios son, entre otras cosas, el reflejo de los fundamentos, su análisis es el estudio de los mismos. Puede argumentarse aquí aquello de que una imagen vale más que mil palabras, en la medida en que la imagen -el precio- es la consecuencia de todas las fuerzas que afectan desde la razón y la sinrazón, lo que no es poca cosa, a cualquier activo en el mercado.

Lo importante son las acciones, no las palabras. Recordemos el evangelio de San Mateo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de oveja, más por dentro son lobos. Por sus frutos les conoceréis… Así todo árbol bueno produce buenos frutos y todo árbol malo da malos frutos… Todo árbol que no da fruto bueno es cortado y echado al fuego. Por sus frutos, pues, los podréis conocer.”

Puede hacerse una interesante analogía con los mercados de estas palabras. Podemos asociar a los árboles con los métodos, a los falsos profetas con la arrogancia de nuestra propia razón, a los riesgos con los lobos, y a los frutos con la rentabilidad. Si se pretende sobrevivir en un mercado financiero o en el mundo de los negocios, no ser presa de los lobos -que frecuentemente vienen en forma de grandes ideas, “amigos” y/o socios-, no se puede confiar ciegamente en nada. En nada ni en nadie. Una torta con la mano abierta viene directa a nosotros en forma de falso profeta o vestida con piel de cordero. El fruto es la clave, no la forma, y no es el primer premio Nobel que quiebra una institución financiera, ni está por nacer el primer Caín. Cualquier ser humano es capaz de ver qué árboles -métodos- dan frutos adecuados a nuestras necesidades -rentabilidad/riesgo- después de testearlos el tiempo justo y necesario como para que se hayan mostrado recomendables o no. Cualquier ser humano que acepte lo que está observando, sin dejarse llevar por el corazón, está a salvo de la traición. Por sus frutos les conoceréis.

Y lo que es más importante, si lo que da buenos frutos es bueno y viceversa, eso nos invita a pensar que, de entrada, lo que sube es alcista y por tanto debería seguir subiendo con independencia de las causas que lo impulsen, y lo que cae es bajista y por tanto debería seguir cayendo con independencia de las causas que lo castiguen. Así, hasta que se demuestre lo contrario. Tras esto se encuentra la idea de la tendencia, otra de nuestras premisas.

Pero volvamos al tema de que la acción del mercado lo descuenta todo. Ciertamente el análisis técnico, como cualquier acercamiento conductual al mercado, está únicamente preocupado por los frutos, y no pretende ni necesita más justificación que la que le concedan los resultados que emanen de su uso.

La ciencia económica convencional pretende que el estudio de los fundamentos de la oferta y la demanda, de los factores que esencialmente la componen (previamente habría que definir qué es esencial y qué no lo es, lo cual ya es en sí mismo subjetivo -cosa que se achaca paradójicamente con frecuencia al análisis técnico por parte de los enfoques convencionales-), puede establecer si existe equilibrio o desequilibrio entre éstas, y que por lógica, en caso de darse un desequilibrio entre las mismas, los precios se adaptarán necesariamente a ello a través del mercado; produciéndose un reequilibrio de las fuerzas a través de la variación de los precios. Algo que, según Soros o Galbraith, es un inocente supuesto por muchos motivos, pero sobre todo porque el estado natural del mercado es el desequilibrio.

Por consiguiente, para conocer el estado de la oferta y la demanda con objeto de anticipar con ello hacia donde se dirigirán los precios con mayor probabilidad, el estudio del resultado de la interacción entre oferta y demanda podría ser más potente en muchos casos que el estudio de sus componentes explicativas. En resumen, para los analistas técnicos no importan tanto las razones que hacen fluctuar a los precios, sino básicamente si éstos van a subir o bajar con mayor probabilidad. No somos filósofos, no buscamos la verdad sino la dirección en la que va a moverse el mercado, nuestro trabajo es el qué y no el por qué. Y esa es nuestra idea de lo que necesariamente procede hacer cuando se intenta prever la dirección del mercado, en tanto en cuanto que el conocimiento público e irrefutable de los motivos que provocan los movimientos de los precios suele ser posterior a los mismos.

Muchas veces los mercados se comportan de modo contradictorio a los fundamentos económicos -al menos contra los “conocidos” por la masa o de aceptación pública- y eso hace a veces “insostenible” la visión técnica desde un punto de vista racional. En muchas ocasiones, con el tiempo, los fundamentos cambiarán y ratificarán el comportamiento de los precios, antes tenido por “extraño” e insostenible. Es lo que Soros denomina la función manipulativa del mercado. En la mayoría de las ocasiones, primero se produce el cambio en el estado de ánimo de los mejor informados, luego la acción del mercado confirma este cambio de expectativas, para finalmente y en su caso, concluir el proceso con los cambios en la economía real -que estará o no en línea con la dirección previamente tomada por un mercado financiero que, de hecho, podría crear, al menos parcialmente, la realidad sobre la que se elucubra en lugar de representarla como se presupone que hace-. Posteriormente llegará el tiempo en que el común de los individuos aceptará algo que “ya sabían de hecho” -pocos son los que tienen la sana costumbre de reconocer sus errores-,  y es en este momento cuando el conocimiento del por qué será completo.

Hay algo que añadir en relación a esto que no se comenta nunca en los textos de análisis técnico porque en ellos se suele dejar abierta como opción la posibilidad de ajustar o no los gráficos. Es algo sobre lo que le hablé profusamente cuando tocamos el tema de los gráficos ajustados y los índices total return. Atendiendo a esto, es necesario tener presente que los gráficos lo precios lo descuentan todo, efectivamente, incluso lo que no tiene el menor sentido para lo que queremos conseguir. Y lo que queremos es capturar las expectativas. Si no ajustamos los gráficos estaremos provocando que éstos recojan efectos contables que están lejos de tener incidencia en la mentalidad de la masa, que es tonta pero no tanto. Antonio Machado afirmó que todo necio confunde valor y precio. Los precios que nos interesan deben contener todo aquello que es provocado por expectativas, racionales o no, sobre los activos, pero no meros hechos contables. Usted quiere acercarse a la realidad, no practicar una religión.

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4 comentarios en “Tercera premisa: la acción del mercado lo descuenta todo

  1. Buen día para todos. Es bueno re-aprender porqué el precio es la “respuesta”, pero siempre me queda el run-run de que el “dividendo” también está descontado anteriormente en el precio. Y los movimientos que provoca el llamado “lavado” del mismo (dividendo) por cuestiones fiscales …etc. también.

    …Sé que, por ejemplo, los máximos que se están alcanzando, pueden haberlo sido ya, o no, según el tipo de gráfico que se utilice. Así que la duda sigue rondando en “2º plano”.

    Saludos a todos.

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    1. No confundamos las expectativas sobre dividendo, con el dividendo mismo. Eso es un mero hecho contable. Hay mil gráficos posibles, todos están lejos de la realidad, la cuestión es quien lo está menos. Y la respuesta con mejores argumentos racionales solo puede ser una.

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      1. …Hablaba del hecho contable. …y si, me siento más “a gusto” de forma racional con el ajuste de gráficos que con uno sin ajustes y en aritmético 😉

        …Pero déjame la duda, irracional si quieres. Me mantiene vivo…

        Gracias por seguir compartiendo

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