Introducción al arte de la guerra (para traders)

En uno de sus textos militares, Mao Tse Tung confesó que la quinta campaña de supresión del bandidaje había sido un completo fracaso para el ejército rojo. Según él la causa residía en que se había omitido el precepto que debe presidir toda operación militar: manejar las propias fuerzas y aniquilar al enemigo. Según Mao para alcanzar ese objetivo es necesario evitar todo método pasivo y rígido.

Normalmente se ha asociado a los traders con inversores a muy corto plazo. Esta es una más que desafortunada consideración. Un trader no es ni más que un inversor convencido de que los desplazamientos de los precios van a ser suficientemente amplios como para que valga la pena perseguir la obtención de un rendimiento. Se dedica por tanto a la gestión activa, y eso es algo a lo que sin duda pueden ayudar las virtudes del análisis técnico. Un trader es, simplemente, alguien que considera que para alcanzar la victoria en el mercado es necesario evitar todo método pasivo y rígido. Un trader es, como ya he contado, un artista.

Un trader es un estratega en busca de la victoria de sus propias fuerzas. Inversor o especulador -si es que realmente existe alguna diferencia-, jamás invierte por obligación a plazo alguno, ni corto ni largo, ni es necesariamente alcista o bajista. Y sobre todo no es alguien rígido, sino alguien que piensa en términos de supervivencia a corto plazo y beneficios a largo plazo. Para ello se moverá en el mercado tanto como le obliguen. Unas veces mucho, otras poco, y a veces nada. Cambiando su piel, el trader se adaptará al mercado como un camaleón a las condiciones. Y quizá un día dejará de ser quien fue. Pues en el mercado, como en tantas facetas de la vida, el enemigo es un mismo como ya advirtiera Pogo, el celebérrimo personaje de Walt Kelly. Pero aunque la batalla contra sí mismo sea la más importante de todas, hay una guerra que ganar.

“La guerra es un asunto de vital importancia para el Estado. Es indispensable estudiarla a fondo…, pues el campo de batalla es el lugar de la vida o de la muerte, y la guerra el camino que conduce a la supervivencia  o la aniquilación”. Sun Tzu.

Los japoneses practicaban análisis técnico antes de que los occidentales empezásemos a pensar en ello, y consideraron desde el principio que el mercado es una guerra entre alcistas y bajistas -aunque personalmente prefiero considerarlo como una expresión del comportamiento social, pero conviene recordar que en el ágora griega los argumentos fueron también, de algún modo, una cuestión a vida o muerte-. Puede resultar conveniente estudiar cómo nos acercamos a la batalla por tanto. La actitud, como ya he contado, el rigor con el que despleguemos nuestros ejércitos -nuestro dinero- sobre el tapete, a través de nuestras maniobras, condicionará el éxito o el fracaso.

Cuentan que Sun Tzu obtuvo una audiencia con el rey de Wu, y que éste le pidió una demostración de su capacidad para manejar tropas. Sun Tzu no tuvo inconveniente en ello, y el rey, que deseaba convencerse de la capacidad del general que debía poner al frente de sus filas preguntó sobre si podría hacer la prueba con mujeres. Sun Tzu no mostró inconveniente alguno y le fueron traídas ciento ochenta.

El legendario general las dividió en dos grupos y situó como respectivos capitanes de cada uno a las dos concubinas favoritas del monarca. Entonces les enseñó a manejar la alabarda y a realizar una serie de ejercicios; tras ello consultó a las mujeres si habían comprendido completamente lo que les había enseñado. Tras responder éstas que comprendían perfectamente lo que requería de ellas Sun Tzu las hizo maniobrar, pero ellas prorrumpieron en risas. Sun Tzu se mostró paciente, y les dijo que cuando las órdenes no son claras o no se han explicado repetidamente la culpa es del comandante. Entonces repitió por segunda vez su lección. Llego la hora de maniobrar y de nuevo sólo obtuvo risas y jolgorio. En este punto Sun Tzu les dijo que cuando las órdenes son claras y se han explicado completamente pero no se ejecutan de acuerdo con la ley militar, los culpables son los oficiales, que han incurrido en un crimen contra el interés general. Entonces mandó ejecutar a las dos concubinas favoritas del rey, que dirigían la formación. Puede observarse que Tzu era mucho más benevolente con el comandante que con los oficiales, algo que debió percibir el rey de Wu cuando mostró su firme oposición a la ejecución, pero ese es otro tema. Arguyendo que al frente de su ejército, un siervo investido como comandante en jefe no tiene porque obedecer al soberano, las ajustició para asombro general y estupor del monarca.

Luego puso al frente de los grupos de mujeres a aquellas que ocupaban un grado inmediatamente inferior. El ejercicio se repitió sin que se registrase el más mínimo ruido. Inmediatamente mandó un mensaje al estupefacto rey, haciéndole saber que las tropas estaban listas y que no se detendrían ni ante el fuego ni ante el agua. Tras esta impecable demostración de rigor y de capacidad para ejecutar un stop loss, y una vez recuperado del trance, el rey de Wu puso a Sun Tsu al frente de su ejército y con él asedió a mucho poderosos estados de la actual China.

Próximamente iré escribiendo para vosotros algunos de los preceptos del legendario general, adaptándolos al medio en el que nos encontramos, al trading. Espero que os resulten de interés.

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