Cuando te acose el enemigo, ten un bebé…

Como prometí en Traición, mentiras y corrupción…, este blog tiene mucho que ver con las emociones. Un emprendedor, y por supuesto un trader, tiene que lidiar muy especialmente con ellas porque enfrenta más incertidumbre que la mayoría de las personas. La incertidumbre genera temor. Avaricia y miedo son los dos vectores del mercado.

En España, donde en lo laboral campa a sus anchas lo que se conoce como miedo afiliativo -nada nos preocupa más que el rechazo según los expertos- la gente tiende a ponerse muy nerviosa si tiene que plantear abiertamente momentos de fracaso. ¿Qué pensarán de mí? ¿Lo escondo en mi CV? Si quieres trabajar en Ágora EAFI, ni se te ocurra. Pronto, algún idiota vendrá a decirme por algún canal de los muchos con los que me comunico con vosotros que este blog es hilarante precisamente porque no tengo ese temor.

El fracaso es algo que todos tenemos que enfrentar. Desde muy pequeños.

Suspendí mi primer examen en 7º de la vieja EGB, lo recuerdo bien. ¿Qué me dirán?… El profesor que me suspendió era un íntimo amigo de mi padres. No lo he olvidado, y quizá sea la forma en que lo gestionaron tanto él -no t´oblidem Toni- como mis padres lo que me ha ayudado a saber enfrentar el fracaso con cierta entereza a lo largo de estos años. Me he caído muchas veces, en su mayoría por mi fe en los demás.

Tuve algo de miedo cuando todo se vino abajo de la noche a la mañana. No mucho, lo reconozco, me sorprendí al no derramar ni una sola lágrima, quizá porque sobre todo lo que sentía era asco, quizá porque no había tiempo que perder… Uno suele volver a las conversaciones que mantuvo con aquellas personas que le apuñalan por la espalda, las repasa en la mente muchas veces para encontrar los errores cometidos. Yo cometí varios, los mismos de siempre… Los que volveré a cometer porque a ese nivel de intimidad no me van a derrotar. Aún no he llorado por aquello, lo que me hace pensar en que quizá las cosas estaban realmente rotas y yo no me había querido dar cuenta.

Tuve miedo, es verdad, no mucho, quizá porque en esos días mi mujer y yo estábamos embarcándonos en un proceso de fecundación in vitro. De repente se habían venido abajo las clases en Harvard, jaja… No, en serio, tuve miedo por cómo podía afectar la nueva situación al proceso, pues ya tenemos una edad y nuestro deseo de tener un bebé era muy intenso tras muchos años de relación. Lo enfrentamos juntos, y no voy a negar que ella me ayudó a ver y a enfocar, aunque no ha logrado que lo deje pasar de largo y me centre en el futuro. A su debido tiempo chinita. Ella -tan budista a veces- fue mi soporte.

 

Después del miedo, controla tu ira

Al cabo de algunas semanas, cuando el miedo me había llevado a la ira que diría el maestro Yoda -el proceso de FIB había fracasado-, fue cuando cometí un error del que en su momento os hablaré. Es muy cómico. Sun Tzu decía que hay tres maneras de poner a tu ejército rumbo al desastre. La primera de ellas consiste en poner al ejército en un apuro. O lo que es lo mismo, ignorar que el ejército no debe avanzar y ordenar que avance, o ignorar que no debe retroceder y ordenar una retirada. No te centres en tus emociones. Tampoco las olvides, simplemente déjalas para más adelante, tiempo tendrás aunque te parezca que el mundo se acaba ya y deseas que arda en tu honor. Tranquilo.

Esperamos y volvimos a intentar tener un bebé. Tener la mente en otra cosa me ayudó a tomar distancia, a aplacar un poco mis emociones y dilatar así algunas de mis decisiones. Hubiera cometido más errores de bulto si no hubiera mantenido mi atención en lo prioritario: el bebé y cerrar la hemorragia en la compañía.

El camino no fue fácil. Fuera por la tensión que todo lo sucedido nos generaba o no, quién puede saberlo, mi mujer tuvo que tomarse una baja laboral de varios meses después de quedarse en cinta porque el embarazo fue catalogado muy pronto como de alto riesgo. Nunca olvidaré las veces que tuvimos volar hacia urgencias, muy especialmente una de ellas. Fui dándolo por perdido aunque admirado por la tranquilidad de mi mujer -ella es médico y me gusta pensar que siempre sabe lo que hace-… ¡Pero allí estaba la pequeña Meiming todavía! -aunque aún no sabíamos que era ella-. Nos emocionamos mucho al escuchar los enloquecidos latidos de su pequeño corazón. ¡Estaba con vida!… Medicación y a casa.

Mei llegó a nuestras vidas nueve meses después en un parto fácil pero anormal. Nuestra pequeña dejó pronto muy claro que no está dispuesta a hacer las cosas como los demás: vino en podálico. La verdad es que parece que va a parecerse al padre. La compadezco, le va a costar incontables hostias.

 

Un perro, una planta o un bebé…

Cuando te intenten joder a sangre y fuego, si puedes permitírtelo, te aconsejo que pongas algo nuevo a lo que amar en tu vida. Y que intentes hacerlo desde el primer momento porque te ayudará a pensar con más claridad sobre tu negocio. No, no será fácil, requerirá esfuerzo cuando crees que nadie tiene derecho a pedirte nada más, pero te sacará de la rutina, despejará tu mente, le dará un nuevo sentido a las cosas, incluso aunque creas que no es el momento y que deberían esperar… Esos pocos minutos en que gracias a ello consigas separarte de tu mundo de antes, minutos que irán creciendo con el paso del tiempo, te refrescarán y te recargarán las pilas. Volverás a ello con nuevas y mejores ideas, dispuesto a comerte el mundo. Lo que importa es el viaje, querido emprendedor.

Si tienes suerte, tu bebé te invitará a olvidar y seguir adelante, algo que por otro lado te sugerirá la inmensa mayoría de la gente. Si tienes menos suerte -yo soy una mente bastante nostálgica que no da nunca una causa por perdida- al menos te recargará las pilas y serás más cuidadoso con todo lo que haces a fin de que pueda sentirse completamente orgulloso de ti cuando le enseñes tus cicatrices.

Antes de tener a Mei yo me veía un poco a lo William Wallace cuando la gente intentaba hacerme reflexionar en esos momentos en los que me pongo el disfraz de superhéroe…

 

Aunque es muy emocionante, hoy mi enfoque ante los patéticos acontecimientos en los que me vi envuelto hace dos años con mi salida de elEconomista me hace pensar más en otro momento cinematográfico, en alegato que considero más brillante además de más moderno alegato porque no apela sólo a la emoción sino también a la razón… ¿Qué sería de nosotros si nadie tomase partido por las causas perdidas?

 

Hoy os dejo con Luciérnagas, una maravillosa canción de Eldorado que me ha brindado mucha tranquilidad y que puedo considerar autobiográfica. Pero como gritaríamos en mi mundo fantástico preferido:

Arda gu bràth!

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4 comentarios en “Cuando te acose el enemigo, ten un bebé…

  1. ay ….compañero de la triste figura…..suelo no desperdiciar lo ataques de los enemigos, en buena medida llevan algo de realidad…., para poder taponar vías de agua que muchos de los cercanos no se atreven a señalar por no hacer daño. A falta de inteligencia tengo buena memoria….para no olvidar….. y estar prevenido, No se puede vivir eternamente con el rencor, eso implicaría la victoria del enemigo, pero NUNCA OLVIDAR….
    Saludos

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  2. Sigo con sumo interés tu relato público porque vivo una situación parecida con mi socio, quien quiere quedarse con la empresa, robando incluso dinero de la tesorería, tras dieciseis años de camino, ahora que la hemos posicionado como segunda empresa del país en su sector. ¡Claro, cuando las cosas no valen nada, no interesan!!.
    Su estrategia pasa por intentar aislarme con actitud hostil diaria (supongo para ver si reviento y lo dejo todo), y sólo está encontrando serenidad y estabilidad por mi parte. Hace ya mucho tiempo que aprendí a controlar mis emociones y, en particular, a que de nada sirve soliviantarse y alterarse. ¡Descubres incluso que hay personas que les humilla sobremanera que “no entres al trapo”!
    En fin Carlos, no necesitas que te den ánimo, porque leo que gestionas esto con mucha inteligencia y, como te dije un día, con un buen fondo intelectual, así que, no dejes de compartir estos temas, aunque sean personales, porque se aprende mucho de experiencias de personas como tú.

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