elEconomista, a Dios rogando y con el mazo dando

elEconomista se atrevió a rescindir a un asesor sin pagarle lo firmado en contrato -ay, los liberales- alegando que su falta de operativa habría provocado la ruina de su campaña de captación comercial. Esto supone una brutal perversión de los principios fundacionales de los que alardea en su web corporativa, y quiero ofrecer todas las evidencias… Nos toman por bobos a todos.

Adjunto de nuevo el párrafo de su delirante burrofax que nos mandaron para rescindirnos:

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O sea: si usted quiere trabajar para ellos, lo primero es operar en bolsa tanto como consideren necesario para atender a sus fines comerciales… ¡A nosotros nos va a venir Doblado con murallas chinas! ¡Ni que esto fuera un maldito banco! A la calle y sin cobrar lo pactado…

Con la ayuda de Joan Cabrero, y su compinche Carlos Iburo, mis socios, todo iba a ser más fácil. Con ellos en la jugada, los clientes podían pensar que el espíritu y método de Ágora seguían en la herramienta Ecotrader que para ellos creé. Bastaba luego con repartirse la parte del botín que pertenecía a Doblado -la del león, que para eso lo creó-. Una lástima que el dúo sacapuntas, como socios y consejeros de Ágora, tenga que verse imputado por administración desleal debido a ello. También lo harán por apropiación indebida, por cierto, aunque esa es una historia que de momento debe esperar. Sin duda, lo que uno espera de las personas que dirigen una herramienta de inversión en bolsa.

 

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Histórico momento de julio de 2014 en que Joan Cabrero, para mayor gloria de los intereses de elEconomista, decide dejar Ágora para postular al título mundial de salto de murallas chinas y otras pruebas paralímpicas. Ande yo caliente, jódanse los clientes. Un ángel, pura ética a mayor gloria de los intereses comerciales de elEconomista.

Ecoprensa tenía todo el derecho del mundo a echarme de su casa. Vivimos en un sistema económico regido por el principio de libre empresa. No tengo ni un pero contra eso… Pero a lo que no tiene derecho es a hacer cambios esenciales en la política de inversión de su herramienta, a pedir una operativa con mayor frecuencia a los asesores sin el visto bueno de los clientes, ni a exigírselo a su proveedor si las consideraba carentes de toda ética. Por supuesto tampoco tiene derecho a no pagar y por ello nos veremos en los tribunales.

Antes de entrar en otros de los motivos delirantes por los que fuimos rescindidos, merece la pena disfrutar al máximo del jugo que nos brindan estas maravillosas seis líneas. Nos permiten visualizar hasta qué punto se ríen en Ecoprensa de sus principios fundacionales y, por tanto, de nosotros. Comprendo que Cabrero esté cómodo en esa casa, le pagan mejor de lo que su talento permitiría en estos duros tiempos sólo por haber facilitado los movimientos que se produjeron contra su propia empresa. Además, parece que le ayudan a hacer un dinerito extra -creo que con poco éxito-, asesorando junto a Iburo sin tener para ello licencia. Lo tocaré en otro momento a fondo, porque es un escándalo aún más grande que todo esto pase por la acción o la omisión de elEconomista.

En elEconomista al servicio de Podemos mostré cómo Ecoprensa se pasó por el forro de sus encantos al noveno de los principios de los que alardea en su web: Presiones e información. Lo hicieron presionando a mi consejo de administración y sirviéndose para sus propios fines de la información que Iburo y Cabrero poseían.

Luego, en elEconomista es un diario marxista, mostré como estas líneas de la rescisión que realizaron en contra de los intereses de Ágora contraviene el quinto de los principios de los que hace gala Ecoprensa en su web corporativa: Mercado de valores. ¿Pueden considerar sus lectores y clientes que su ahorro se ve expuesto al mercado desde un adecuado y honesto punto de vista como plantea este principio si funcionan bajo la premisa de que lo primero es la política comercial? Hablar de transparencia y credibilidad como también hacen en el mismo es ya una tomadura de pelo aparentemente indecente.

 

Pero lamentablemente hay más…

Hoy le toca al segundo de los principios de los que ufana y gallarda presume Ecoprensa: Economía de mercado. Según éste, como puede ver en la imagen, son los salvaguardas de la crítica tenaz y serena frente a los comportamientos que atenten contra la libertad.

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Editorial Ecoprensa piensa que el respeto a la ley depende de las circunstancias. La ley obliga a los consejeros a ser leales a las compañías que representan. La ley obligaba a Cabrero e Iburro a velar por Ágora y sus empleados como buenos padres de familia… Presionarles, persuadirles o corromperles a fin de que desatendieran sus obligaciones en beneficio de elEconomista, no parece algo en lo que deba verse quien presume de velar por el comportamiento de los agentes públicos y privados

¿Qué clase de libre mercado defiende quien ofrece a su antiguo asesor un cambalache para que no le lleve a los tribunales, consistente en recibir de forma indirecta un dinero así como de forma irregular datos de sus clientes a los que contactar? Porque eso es lo que me ofreció Iburo de su parte como escucharéis… ¿Qué clase de libre mercado defiendes cuando exige que aquel a quien rescindes pierda la mayoría en su empresa a cambio de que le entre algo de oxígeno? Al animal también lo queremos, pero en la granja de al lado y atado en corto.

¿Qué clase de crítica serena pero tenaz de los comportamientos de organismos públicos y privados puede hacer el que pone contra la espada y la pared al consejero de una empresa con la que colabora para que le ayude a incumplir un contrato en vigor?

¿Qué clase de crítica serena pero tenaz de los comportamientos públicos y privados puede hacer el que rescinde a un asesor porque no opera lo suficiente para sus campañas comerciales aunque esto suponga saltarse una necesaria muralla china?

El juego sucio no es algo que defiendan los principios liberales. Como tampoco lo es el faltar a la verdad para no cumplir con lo firmado. Si es feo siempre algo así, parece terrible en manos de quien se considera faro y referencia de la sociedad civil, hasta el punto de atreverse a mostrarle a nuestros políticos el camino a seguir, así como la verdad y la vida a todos nosotros desde sus principios fundacionales; gravados en una piedra tan dura como el rostro de los directivos de elEconomista.

ALFONSO

Lo de siempre, la ley del embudo. A Dios rogando y con el mazo dando. 

Aunque aún nos queda sin embargo un largo recorrido por los “principios” de esta gentecita, por hoy me despido. Lo hago con otro temazo de Eldorado, Tarot TV, que me ha hecho darle vueltas a cómo se ríen de nosotros, a cómo nos venden mística para males que no pueden curar por estar dirigidos hacia algo que lo hace imposible, a cómo nos toman el pelo cobijados tras esa perfecta máscara que es su bonita pero sucia marca…

 

 

¿Pastilla roja o pastilla azul? ¡Llámales! Gente de tan sólidos principios merece nuestra confianza. O tal vez no.

Bienvenido a la Ecojungla amigo… ¿Vas seguir sin compartirlo en tus redes?

 

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