El esperpento tuitero del director de elEconomista

Hace ya tiempo que el medio para el que trabajé durante ocho años decidió bloquearme en Twitter. Fue meses después de levantarme lo que tardé diez años en construir, sin pagarme lo que habíamos pactado por ello, y por supuesto tiempo después de corromper a mis socios para que trabajasen contra los intereses de la empresa que debían proteger como consejeros.

Como el árbol deshojado no teme al vendaval, y además soy una persona comprometida, uso mi cuenta de Twitter para reírme un poco de los jetas, denunciar el poder y, sobre todo, la falta de principios. Y claro, en ese caldo de cultivo no puede faltar elEconomista aunque ya sólo me topo casualmente con sus noticias. No hace falta que me bloqueen el acceso, ni se me ocurre acercarme a él por propia iniciativa que cada clic cuenta.

Pero sí, es cierto, no pierdo la oportunidad de darles un rejón, así que cuando me pasaron una noticia de Amador Ayora, su director, criticando a Rajoy por su falta de principios al aplicar políticas de izquierda, una fuerza cósmica se apoderó de mi y no pude evitar dejarle un comentario a mi antiguo director para hacerle notar que no está su casa en condiciones de dar lecciones a nadie. No suele ser así, pero esta vez sucedió algo inesperado dado que Ayora me escribió cariñosamente para pedirme respeto por su trabajo como ellos me lo tuvieron a mí mientras allí escribía…

amador1

Ya lo sabes querido lector, el respeto se pierde cuando dejas de servirles.

Aunque en esta ocasión fue mucho antes porque cuando tienes respeto por alguien éste no suele tener que demandarte por incumplimiento contractual, ni aprovechas que está distraído por un tratamiento de FIB para levantarle lo que construyó durante 10 años sin pagarle lo que has pactado con él, ni utilizas las vacaciones pagadas de su socio -y antiguo “hermano”- para matarle por la espalda, ni te saltas casi todos tus principios para joderle a fuego lento, ni intentas ofrecerle a través de sus socios chanchullitos cuando sabes que ha llegado hasta el final y renunciado a una cantidad insultante de dinero, al no pasar por el aro de tus campañas comerciales y perjudicar a los usuarios de la herramienta de inversión que creó para ti; pero sobre todo, cuando respetas el trabajo de alguien no le insultas descaradamente en la rescisión que le mandas por iburrofax. Desidia, comportamiento escasamente profesional… ¿Te suena querido Amador? Puedes en tal caso meterte tu respeto por donde te quepa.

Estimado Amador, el gran Pedro Ruiz te diría hay que tener el culo muy limpio para hablar demasiado. Yo tengo mucho más respeto que los que dirigen elEconomista por lo que debería ser vuestro trabajo. Y por el de otras profesiones esenciales para una democracia liberal como la que decís llevar en vuestro ADN también. Claro, que igual no te has enterado ni de que nos hemos visto recientemente en los juzgados, donde el troleo de tu casa fue delirante . Tiempo habrá para hablar de ello, más allá de las pildoritas que ya he dado sobre lo declarado por el `hipster´de las finanzas, en el momento procesal oportuno.

Y como le dije algo de todo esto a lo largo de unos cuantos tuits, sintió el “bueno” de Amador que lo que sucedía era intolerable y debía matarme con una irrefutable prueba de mi inaceptable comportamiento. Y así, como el que esculpe mandamientos en piedra con el cincel sin hueso que esconden las bocas más inteligentes, me espetó algo que aún ahora me hace temblar:

amador2

Y ahí termino todo por su parte. Se quedó más ancho que largo el incisivo pistolero con su flatulencia tuitera, olvidando que un día quizá fue periodista…

periodismo

En este país, en el que un tonto hace relojes, y un mediocre al se le llena la boca de desprecio cuando llama a los demás `traders´ puede estar al mando y sin supervisión de la estrategia en un producto de inversión, supongo que también se puede ser director de periódico sin haberse enterado de nada o troleando. Lo que tienes que hacer, Amador, es despedir a Cabrero e Iburo para que podamos creer que aunque no sois santos al menos sois inocentes y no tuvisteis nada que ver con los chanchullos que me ofrecieron para no llegar a los tribunales. Eso, o ponerme una querella por lo que escribo. Claro que pensándolo bien, a lo mejor no os apetece que un juez tenga que dictar también una sentencia por esta otra parte de lo sucedido en la Ecojungla…  ¿Verdad?

¡Creo que he perdido otro follower! 🙂

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