En respuesta a las alusiones de elEconomista: sus 7 pecados capitales

Me acusaba hace unos días el director de elEconomista, mi exdirector por tanto, de faltar el respeto a su trabajo por llamarle la atención debido a su desfachatez. No se puede calificar de otra manera que esta gente le exija a Rajoy más coherencia en sus políticas cuando ellos se pasan por el arco del triunfo sus principios fundacionales cuando les conviene. Descontento con mi reacción, y sin necesidad de argumentar que para eso es uno de los demiurgos del autodenominado faro “liberal”, Amador Ayora insinuó que me dedico a insultar en las redes…

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10 son los principios fundacionales de Ecoprensa. Y 7 son las traiciones que perpetró sobre los mismos para liquidar a mi compañía sin pagar lo que habíamos pactado a cambio de que les cediera buena parte de mi negocio. De la mano de una rescisión completamente inmoral, elEconomista convirtió a Ecotrader -herramienta de inversión creada por mí- en una flatulenta casa de pecaminosas chimeneas. Eso sí, cada día se atreven a darle lecciones a Rajoy o al que se ponga por delante.

1. En la rescisión de Ágora, elEconomista trabajó contra su primer principio: libre iniciativa de los ciudadanos. No en vano, estos “señores” corrompieron o amenazaron, si no las dos cosas, a los consejeros de Ágora.

Supongo que querían proteger la libertad cuando me mandaron a mi propio consejero delegado a proponerme chanchullitos como vía de “salvación” de mi compañía; circunstancia que a mí me pareció un chantaje en toda regla. Y allí sigue el pajarito de Iburo quedando claro que no fue invención suya lo que se me trasladó.

Si eso no fue una agresión a las libertades individuales que dicen defender… Pero no sólo se me agredió a mí, sino también a los clientes de Ecotrader en tanto en cuanto que se alteró su política de inversiones sin mediar consulta al respecto, incorporando una política más agresiva e incluso recomendaciones bajistas después de acusar falsamente a Ágora en su rescisión de no haber operado.

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Sin ningún pudor se responsabilizó a nuestro celo deontológico de ser el motivo de sus fracasos comerciales; mostrando su deseo de eliminar la necesaria muralla china que debe existir entre el mundo del análisis y el de las ventas. Cabrero, por supuesto, se mostró más dócil. Tanto que en sala judicial refrendó todos los argumentos de Ecoprensa contra la compañía de la que vivió durante años y de la que sigue siendo socio contra mi voluntad.

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Resultó delirante ver a Juan González, representante legal de elEconomista, intentando convencer al juez de que ellos se refieren a “contenidos” cuando hablan de “estrategias”. ¿Por qué llamar a las cosas por su nombre? El ridículo que llegan a hacer algunos para confundir a la justicia no conoce límites… En todo caso Juan, cumplimos siempre con el suministro de contenidos.

Más divertido fue tener que escuchar al jerifalta de Ecoprensa reconocer que, efectivamente, el grado de operaciones se multiplicó por dos o tres veces tras nuestra salida. Casualidades de la vida. Dato, por cierto, que ellos mismos facilitaron al juzgado sin que nadie se lo hubiese pedido en su afán por “justificar” la necesidad de la rescisión o de parecer idiotas. Ay, que les insulto…

2. En la rescisión de Ágora, elEconomista trabajó contra su segundo principio: economía de mercado. Y es que proclamarse salvaguardas de la crítica tenaz y serena frente a los comportamientos que atenten contra la libertad  al tiempo que pones contra la espada y la pared al consejo de administración de tu proveedor, bien lo corrompes para hacer lo que te venga en gana, bien las dos cosas, es sólo posible en este país donde confundimos libertad con libertinaje. Por supuesto, el socio de Iburo sigue también bajo el ala de Alfonso de Salas. Y el que insulta soy yo.

3. En la rescisión de Ágora, Editorial Ecoprensa prostituyó su tercer principio: empresas privadas, tal y como denuncié en elEconomista sólo puede empeorar a Gotham City. En él publiqué el primer corte serio de las presiones a las que fue sometida mi empresa por su propio consejero delegado haciendo ya las funciones de mamporrero mayor de elEconomista. El respeto a la empresa privada de la dirección de elEconomista es el mismo que tiene un mandril con hambre por el plátano de otro mono. Lo que se vio en los juzgados, fue de película, de las de Pajares y Esteso, como en su momento contaré con tranquilidad.

4. En la rescisión de Ágora, elEconomista obró contra su quinto principio: mercado de valores. Lo conté en un jocoso post donde, en mi afición por el insulto barato, les llamé grouchomarxistas por la forma en la que se manejan en lo que a principios se refiere. La pretensión de que sus campañas comerciales puedan tener algo que ver con el nivel de frecuencia operativa de su producto Ecotrader no parece encajar con su grandilocuente afirmación de que exigirán un tratamiento adecuado y honesto del ahorro de los españoles.

Como has visto arriba, lo pusieron blanco sobre negro como argumento para no pagar. Y tan panchos. Además, por si no había sido suficiente, quisieron hacerle creer al juez que ellos por estrategia quieren decir contenidos. Textual. Claro, y los demás tenemos que conocer su reinvención del lenguaje y además creérnoslo. Y si no lo hacemos, les insultamos.

5. En la rescisión de Ágora, elEconomista mancilló su séptimo principio: Buen Gobierno. Lo conté en un post donde denunciaba que son lo contrario de lo que dicen ser.

Parece que en elEconomista se ve como Buen gobierno liquidar a la empresa de un colaborador que has tenido desde los números cero -sin pagarle lo pactado- acusándole de desidia y falta de profesionalidad, al tiempo que contratas a dos de los tres consejeros de esa misma empresa rescindida para que te haga el mismo trabajo. No siendo suficiente, la obra de arte se remata ofreciéndole a éstos algunas dádivas y exigiendo un cambio en el accionariado de la rescindida si desea algo de oxígeno… Al final, el correo de Cabrero sobre la presión sobre él ejercida y las grabaciones que realicé a Carlitos Iburo no tienen desperdicio… Pero oye, el que insulta soy yo.

6. En la rescisión de Ágora, elEconomista traicionó a su noveno principio: presiones e información. Y es que presionar a consejeros de empresas ajenas y exigir cambios en la cantidad y calidad de la información que se suministra a los clientes de Ecotrader para servir a los fines de sus campañas comerciales no parece muy meritorio.

7. Cargó también elEconomista sobre su décimo principio: libertad de expresión, en su rescisión a Ágora, como expliqué en otro de mis alegatos contra la falta de fe en las libertades que a la hora de la verdad existe en esa “santa” casa “liberal”.

Lo hicieron al rescindirnos y lo hicieron hecho después intentando amedrentarme y/o sacarme más jugo en los juzgados por atreverme contar lo sucedido. Pero ya sabe, el que insulta soy yo, y ellos los que parecen creer que se cuestiona su honor. Bárcenas, Blesa, Rato y la `pujolada´ también parecen creerlo cuando se habla de sus andanzas.

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Escuchar a Alfonso de Salas, Marqués de Monteagudo y Llanahermosa, presidente y fundador de elEconomista, hacer alarde de sus principios fundacioanales mientras justifica la rescisión de Carlos Salas -director que aún añora la redacción-, y aprovecha para soltarle una ostia a Pedro J. Ramírez, causa estupor…

 

En mi opinión, Juan Cabrero, Carlos Iburo y los directivos de elEconomista, además de no tener reparo alguno en pasar por encima de 7 de los 10 supuestos principios de su casa, practicaron la alquimia con los 7 pecados capitales. A saber:

Pienso que que pecaron de soberbia, propia del que cree que puede hacerlo todo. Y lo sucedido en sala judicial me lo confirmó. Se dejaron llevar por la gula, repartiéndose un contrato que era buena parte de los ingresos de Ágora y que respondía a los muchos clientes que habíamos perdido en su beneficio a lo largo de los años. Todo sin pagar lo pactado para ello. Puede que estuvieran bajo los efectos de la envidia, pues debe joder mucho perder millones de euros durante años mientras el malvado de Carlos Doblado aparece por la oficina en su Porsche. Les movió la avaricia, practicando todo tipo de tropelías morales especialmente graves en un medio de comunicación, con el fin de lograr una mejora económica. Caben pocas dudas de que izaron la bandera de la pereza, que es la acción de dejar de hacer lo que es debido -y no hay nada que te ate más que los principios que ante el mundo declaras como propios-. No puede esconderse tras todo lo que he publicado la presencia de la ira que subyace en su desmedida rescisión, a la que ni siquiera precedió advertencia formal, en la que no se respetó el preaviso pactado, ni se intentó una negociación alguna. Y no, no me olvido de la lujuria…, pues centrar dicha ira en forma de rescisión en mi persona, aunque su contrato estaba firmado con Ágora, manifiesta una fijación en mis posaderas propia de quien disfruta mientras la redacta estimulado por sus pulsiones pansexualistas… 🙂

Todo esto merece un tema de Eldorado llamado la casa de las 7 chimeneas… A disfrutar de la Ecojungla españolito de a pie.

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2 comentarios en “En respuesta a las alusiones de elEconomista: sus 7 pecados capitales

  1. Hay una parte fundamental de quienes se llenan la boca con “libertad de expresión” y demas cosas…. es que donde termina su libertad empieza la de otro….. Es que algunos campan sobre las libertades ajenas y así andan pisoteando todo lo que puedan….. Demasiada gula….. Un saludo!…

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