Los cuentos de elEconomista para evitar los juzgados (en vano)

Pasada la tregua Navideña, hay que ser educado que diría el señor Barragán, y después de la broma de ayer, toca seguir denunciando el descrédito a que quiso someterme Editorial Ecoprensa tras dedicarle ocho años y crearle su herramienta de inversión mientras renunciaba a mi propio negocio. Para ello, la gentecita de elEconomista presentó algunas pruebas “irrefutables” de la insoportable relación que este tirano mantenía con compañeros y clientes….

De lo primero nada se probó, aunque se dejó caer por parte de Joaquín Gómez, el sargento de la tropa, que un redactor le había dicho que llevaba tres meses sin hablar conmigo porque prefería no llamarme debido a las malas contestaciones que recibía de mi parte. Resulta curioso que entre el 11 de abril y nuestra rescisión, tres meses, mi nombre aparezca citado en el periódico hasta en diez ocasiones para aclarar cuestiones técnicas que los redactores necesitaban solventar para poder realizar su trabajo. Por cierto, más veces de las que aparece Juan Cabrero en el mismo período, individuo que compartía la franja horaria con ellos y que según Gómez era el hombre a quien siempre se acudía debido a la complicidad que con él existía (sin duda es así cuando se trata de repartirse el dinero de los demás). Nuestros abogados estudian si estas y otras declaraciones de este “señor” fueron perjurio.

De lo segundo directamente podemos descojonarnos… Para intentar evitar la necesidad de que todo esto fuera juzgado, acudieron a mis temibles encuentros digitales.

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Su documento 38 consistía en dos “pruebas” que no dejan lugar a la duda, después de haber realizado no menos de 200 encuentros digitales en varios años. Una de ellas es una respuesta a un lector donde afirmo que no tengo nada más que porque mi trabajo no es opinar sino seguir tendencias y inercias. Lo que opine yo no importa.

Lo primero que se pregunta uno es por qué no censuraron mis comentarios teniendo como tenían absoluto control sobre el tema. ¿Por qué jamás me llamaron la atención ni formal ni informalmente por mis encuentros digitales? ¿Por qué seguí haciéndolos después de estas “evidencias”?

Evidentemente por dos cosas: 1. era otra de sus patrañas. 2. Jugaron con el hecho de que un juez no sabe que el trabajo de un analista técnico pasa por escuchar al mercado de la forma menos subjetiva posible, que ese es mi trabajo y eso es lo que entendió sin duda el lector. La cuestión siempre fue enmarañar la realidad…

Resulta infame en la segunda de sus “pruebas” del documento 38 que se intente hacer creer a un juez que una frase del hombre que también odiaría a Ecotrader, Warren Buffett, algo que conoce cualquier persona del mundo bursátil -que un tonto y su dinero no permanecen mucho tiempo juntos- sea una descortesía hacia un lector. Hay que tener realmente muy poco que alegar para intentar evitar un pleito acudiendo a ese nivel de zafiedad.

Mi evidente desidia. No la de Ágora, con quien tenían el contrato, sino la mía…

Lo que pretendieron mostrar en su documento 39 lo dejaré para otro día si procede, que hoy ya me alargo. Pero para acabar adjuntaré un par de correos cruzados con dos personas que acudieron a declarar el día 14 de noviembre y que alumbran esas cosas de mi desidia y mis malos modos…

Una de esas personas me escribió tras conocer mi despido fulminante. Supongo que lo normal cuando te libras de un maltratador es enviarle un correo por iniciativa propia para desearle suerte. Puede verse también mi agresiva contestación.

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Supongo que mi excompañera no sabía que tendría que acudir a un juicio en el que además de obsequiarnos un momento mítico al reivindicar la dureza del “copy+paste” que una vez tuvo que hacer por mi culpa, consiguió encender los corazones de los presentes cuando respondió a la queja del juez con un no estoy contestando a la pregunta que me hacen porque estaba nerviosa, es mi primer juicio. El lacónico “ya” con el que zanjó el tema su Señoría, tras escuchar más de cinco horas de contradicciones, trolas y exageraciones, no debió animar a las tropas del lado oscuro.

Cerraré con otra prueba de la mi brutalidad de mi trato con lectores y compañeros, esta vez proporcionada por el que era mi jefe en la casa: el ínclito Joaquín Gómez. De `motu proprio´, semanas antes de que se me botara con su colaboración, este gran “amigo” y “periodista” me hace saber que espera con ansiedad mi tribuna.

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Un ansiedad, por supuesto, debida a la agresividad que destilaban todos mis actos con el personal de Ecoprensa aunque no se haya aportado una sola prueba sobre tal cosa salvo el testimonio de los que allí se ganan el pan. Ni un triste mail en el que me patine la neurona un mal día. También por eso, Don Joaquín me deja un abrazo sentido. Abrazo que yo devuelvo violentamente, a mi estilo. Modo ironía `off´.  ¿Qué pasó a partir de ese día? Pues que hay que ganarse el pan y para ello segar cabezas si lo pide el patrón.

Por cierto, como al “señor” Gómez le gusta decir la verdad en un tribunal, tuvo el descaro de afirmar que hice un gran trabajo durante muchos años pero que en 2014 las cosas habían cambiado. Parece que el período enero-abril no cuenta… 🙂

Dulce y perjuriosa Ecojungla…

 

ALFONSO

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2 comentarios en “Los cuentos de elEconomista para evitar los juzgados (en vano)

  1. Es fácil ir a por comentarios de la gente para excusarse, como cuando trabajas en una tienda y viene tu jefe a decirte que una sra se ha quejado de tu mala atención. Lo difícil es creer que con eso puede cubrirse las espaldas, más si tergiversan los comentarios o los acomodan segun quede más bonito para ellos. Por cierto, eso de mi primer juicio… hombre ya!!! Si vas con la verdad no tienes que ponerte nervioso……… Me parece que la ecojungla esta quedando más como una palmera en medio del desierto jajajajajaj… Un saludo y feliz año señor!!!

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    1. En Cataluña decimos que una flor no hace jardín…, pero estos cachondos han cogido dos flores de entre las 80/100 mil preguntas que debí responder en unos 200/250 encuentros digitales, las han sacado de contexto, y sostienen que tienen el bosque de Dagobah donde Luke se encuentra a Vader. Estos fueron a tomarle el pelo al juez, pero allí había un señor que se lo tomaba muy en serio. Luego sentenciará lo que sentencie y quizá no esté de acuerdo con él y me parezca injusto porque conozco la historia al dedillo (cosa que él jamás podrá conocer desgraciadamente), pero aquel señor hizo comentarios, como ese lacónico “ya”, que nunca olvidaré. Además, tengo las 6 horas de vídeo… 🙂

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