Entender, cenando en DiverXo, por qué fracasamos los inversores

Supongo que ha leído el exitoso artículo de Javier Molina de esta semana. Quedó el pobre medio grogui cuando le pasaron la minuta. Y es que cuando te juegas una cena en un sitio donde sirven lienzos en lugar de platos, lugares de esos que visitabas frecuentemente en tu etapa de banquero en Nueva York, los vinos tampoco son baratos.

Pero esta vez mi querido amigo tuvo que pagar con su propia tarjeta toda la cuenta. Y eso transforma la percepción de lo vivido y el nivel de exigencia que esperamos de las viandas que van a servirnos. Yo, al otro lado de la mesa, sólo vi pasar platos imaginativos y en su mayoría sabrosos; todo en un ambiente divertido, probablemente condicionado por el hecho de que no iba a soltar un euro por ellos. Además, la irreverencia es una salsa en la que me siento cómodo y eso me ayuda mucho en momentos en los que, como el pasado febrero, ni el tato apostaba por el mercado de valores. Escribir contra el consenso era arriesgarse a aparecer solito en la foto de la derrota, pero los irreverentes no tenemos ese tipo de miedos… Al final salir cenar no es muy distinto a ponerse a invertir. El secreto, está en la masa.

Estas y otras cuestiones condicionarán decisivamente la percepción que tenemos de la realidad, aunque probablemente usted está convencido de que a su cerebro no le sucede. No reconocer nuestros propios sesgos cognitivos es de hecho un sesgo conocido como “de punto ciego”.

Fotos comensales Doblado y Molina. (C.D)

Cada analista, una visión

Así, en un mercado lateral, tras una larga recuperación, algunos verán al heraldo de la debacle. Otros, por el contrario, lo considerarán una fase de acumulación dentro del proceso comprador de fondo. Mientras unos se sentirán reforzados por la sobrecompra para seguir justificando lo que no es más que una hipótesis bajista que el mercado debe corroborar para que valga algo, otros dirán que siempre se sube en sobrecompra durante las más jugosas tendencias, esas en las que uno debería estar sí o sí para batir a la gestión pasiva a largo plazo, y de las que es más fácil salir que volver a entrar. Y lo hacemos todos, se llama sesgo ‘de exceso de seguridad‘; un colaborador necesario para que yo me deje engañar por la primera oferta de desquite de Molina, y que crecido aún por mi reciente victoria acabe pagando la próxima cena.

Lo que para Javier fue un servicio irreverente, fue para mí un vacile divertido a unas horas en las que necesitaba un poco de chispa tras todo el día hablando con clientes. Lo que para él es modernismo circense, a mí me pareció una provocación onírica, y desde luego me resultó mucho más comprensible que un Miró. Supongo que por ello yo soy analista técnico mientras otros trabajan con ideas más abstractas.

Personalmente, conociendo por encima la personalidad del chef, no me sentí extrañado por el entorno. Tampoco me importó que no apareciese por las mesas: le había visto metiéndole mano a los manjares que esperaba degustar y es ahí donde yo quería verle. ¿Que antes salía a saludar a la tropa? Bien, yo antes no tenía presentes los fundamentales y ahora siempre selecciono el activo de las carteras que asesoro a través de algoritmos que los analizan conductualmente, usando sólo mis pequeñas herramientas técnicas para la gestión del riesgo cuando de mi depende la toma de decisiones. Dos personas, dos visiones. Dos momentos vitales, dos personas. Un trader, un sistema.

Y en las tendencias, que es donde se siente cómodo un técnico, Mr. Muñoz lo peta porque quiere tener éxito entre quienes no padezcan especialmente de otro sesgo: el de conservadurismo, aquel por el que preferimos una confortable experiencia anterior que lo nuevo. Miércoles noche y el restaurante hasta las trancas. Como siguen estándolo en el mercado son los toros, esté o no sobrevalorado. Hoy, gracias a las tendencias, se ha avanzado hacia nuevos altos históricos ; y la situación técnica no presenta elementos susceptibles de generar techo alguno antes de que pasen meses y se gane más altura. Hace falta más convicción alcista, pues demasiados siguen cargados de coberturas para que un techo acontezca.

Dicen en Wall Street que en bolsa muchas veces ganan los toros. (Reuters)

En mi opinión, un techo relevante -más o menos largo en el tiempo pero siempre temporal- no tiene gran probabilidad de aparecer mientras la media de 10 sesiones del ratio put/call no alcance niveles inferiores a 0,75. Así sucedió antes de las correcciones de 2010, 2011 y 2015. Pero ojo, cuando tengamos ese nivel sólo habremos alcanzados condiciones necesarias. Recuerde lo que nos enseñaban cuando le dábamos a la teoría matemática: condición necesaria no es suficiente. La última vez que las tuvimos el S&P500 subió otro 20% antes de ajustarse sensiblemente, y nunca ha vuelto al aquel punto.

Dicen en Wall Street que en bolsa muchas veces ganan los toros. Y que otras veces lo hacen los osos. Pero que el que siempre se desangra es el cerdo. En el ajuste de cuentas entre un toro y un oso, pegaba muy bien el animal que simboliza DiverXo. La verdad es que nos lo zampamos a gusto.

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