¿Quiso Joan Cabrero estafarnos antes de “arruinar” el Ágora?

En los últimos días he cambiado el rumbo del blog hacia la denuncia de cuestiones que ya no tienen que ver con el incumplimiento de contrato de tus proveedores y sus consecuencias, ni con lo que pueden producir sobre ti y tu empresa los comportamientos desleales de tus socios, sino con irregularidades en el cumplimiento de la normativa financiera que tienen que ver con el chiringuito montado por Cabrero e Iburo bajo el paraguas de elEconomista.

Como planteé en traición, mentiras y corrupción en elEconomista, la temática de este proyecto de libro sobre mi experiencia como emprendedor iba a tener mucho palos. Y uno de ellos iban a ser mis emociones, si bien he intentado reflejarlas lo más indirectamente posible, sin entrar en detalles realmente escabrosos. Este de hoy, quizá, sea el post más emocional de toda esta saga…

Cabrero y yo fuimos como hermanos. Me debe toda su carrera profesional, y podría contar detalles para aburrir… No siempre fui un ingrato ni un indeseable. En algún momento fue un hombre que merecía la pena aunque el mercado le fuese un poco grande. Dar algunos detalles personales ha sido indispensable para que entiendas qué puede pasarte en tu empresa, aunque haya querido hacerlo de la forma más tangencial me fuera posible: muchos hacemos negocios con personas con las que estamos comprometidas. Yo lo sigo haciendo aunque es algo que conviene meditar. Tu guardia está más baja si eres de los buenos; y además pondrás en peligro relaciones personales incluso con gente decente: la convivencia, da asco.

No merece la pena hablar de cosas como los casi mil kilómetros que me hice con 28 años para ir a la boda de Cabrero, tras toda una semana trabajando en doble turno. Ni del dineral que me dejé al tener que meterme 200 kilómetros en taxi tras el avión para llegar a tiempo a lo que mi “amigo” quería: que se le entregasen unas flores y un poema creado para la ocasión a la novia -es tradicional que así obre el padrino en mi tierra-, tampoco de cómo me tembló la voz por la emoción, o de los 1000 euros en billetes que puse en su bolsillo, siendo un crío al que no le viene de casta, mientras lagrimaba en la iglesia…

La gente cambia, se acepta, pero hay límites que no pueden ni deben rebasarse.  Hay tipos que pierden la cabeza por una mujer y se convierten en su sombra. Por eso habíamos pactado verbalmente, semanas antes y para rubricar lo que ahora os contaré, un documento por el que debería desembolsar un millón de euros si ponía rumbo a Ecoprensa unilateralmente. No tengo prueba de ello, así que nunca se le ha exigido.

Desconozco el momento en el que el reverso tenebroso de la fuerza tomó el control del personaje, pero tengo muy claro cuándo caí en ello. No fue al percatarme de que me había traicionado y además no había tenido arrestos para decírmelo ni por teléfono -se despidió así (tras regresar de un viaje al que se fue gracias a que se le prestó un dinero que no ha devuelto), y negando por activa y por pasiva que su destino fuera ocupar mi lugar en elEconomista-. Tampoco me percaté al ver que le importaba una mierda que sus empleados quedasen en la picota después de que él nos arrebatase el 65% de los ingresos pese a ser consejero de la compañía. Ni siquiera al ver que ni les ofrecía una oportunidad para seguir trabajando con él… No.

Me percaté tiempo después, al caer en la cuenta de que Juanito Cabrero parecía haber querido estafar a Isaac de la Peña; y que no atreviéndose a seguir con su plan lo habría intentado conmigo. Cabrero le cogió afición a los letrados un poco antes, cuando abandonó el hogar de la noche a la mañana y dando un portazo. Que se lo reprochara es algo que nunca me perdonaron los tortolitos.

¿Intentó Cabrero estafar a Isaac de la Peña? 

Cabrero vendió a Isaac de la Peña un 3% de su compañía -los chorizos están abonados al 3 por ciento-. Fue una operación que le negocié yo mismo unas semanas antes de dejar la empresa, atendiendo a sus ruegos debido a la situación financiera que decía tener pese a levantarse unos 100 mil año. El precio pactado para esa compra/venta: 70.000 euros. Luego él cerró un descuento de 20.000 por pronto pago debido a “sus urgencias”. Evidentemente no informó al comprador ni a mí mismo de sus intenciones para con la empresa… Hay gente que no tiene nunca bastante. Hay gente que se convierte en basura.

Isaac de la Peña, a través de un familiar que es su banquero de confianza, solicitó una transferencia a Cabrero por “inversión en un negocio” por el 3% de las acciones de un negocio: Ágora. Acciones, por cierto, que le permití adquirir a Juanito casi gratuitamente como gesto de amistad (me avergonzaba tener casi 90% de la empresa, la verdad). Es sabido que soy un cabrón.

20mayo

Puede verse más claramente aquí:

A continuación, las transferencias de ida y vuelta, mes y poco antes de que nos pasase a todos a cuchillo menos a su compinche de chiringuito: 

50 mil

La transferencia en cuestión se ordenó el 20 de mayo. Según mis abogados, Cabrero e Iburo declararon en los juzgados de lo penal -aunque en lo mercantil dijeron otra cosa por el bien de Ecoprensa- que varias semanas antes de la rescisión de Ágora ya habían estado negociando con elEconomista. El día 28 de mayo, como puede verse en la parte inferior, Cabrero devolvía el dinero. El 10 de julio, dejaba a su empresa al borde de la ruina llevándose con él al cliente clave. Joaquín Gómez, su jefe hoy, declaró en los juzgados de lo mercantil que ya en junio le habían hecho saber con quién se iba a trabajar en adelante. Un mes antes de ser rescindidos.

Me consta que estuvieron intentando comprar una EAFI antes de que todo estallase por los aires, algo que tampoco se hace en unos días. La adquisición fracasó porque al propietario -según él mismo me contó- se le exigió esperar a la firma de un contrato que estaban negociando con elEconomista. Una vez más, blanco y en botella.

Cabrero, ese hombre…

Si a usted le vendiesen acciones de una compañía a la que el vendedor va a desplumar días después… ¿Se consideraría estafado? 

Imagino que tras pensar en ello Cabrero devolvió el dinero. No sin intentar antes algo más sutil y aún más sucio: que yo le comprase su 3% por 50.000 euros y luego se lo revendiera a de la Peña por 70.000 dado que yo no tenía urgencias de cobro y ese era el precio sin descuento por pronto pago. Sin duda hablamos de un tipo al que le confiarías el destino de tus inversiones. Le dije que no.

La operación se revertió contra la voluntad de Isaac de la Peña. Y yo, para ayudar a Cabrero que decía hacer todo esto porque no llegaba a final de mes (el hombre los tenía cuadrados, como recordará), acepté concederle un préstamo que aún no ha devuelto, además de facilitar el pago de un dividendo extraordinario -siempre repartíamos en enero y estábamos en junio- bajo la condición de que pusiera orden en su vida.

¡Y por los dioses que lo hizo! Se agenció el contrato que suponía la mayor parte de los ingresos de una empresa de la que aún es socio, lamentablemente, y de la que era consejero. A vivir que son cuatro días y dos durmiendo, su lema de toda la vida. ¿Puede esperarse un comportamiento ético cuando recomienda algo en elEconomista?

Y no lo digo yo sino su socio de chiringuito, escuchémosle de nuevo…

En realidad parece que se lo agenció para ambos, pero en ese momento su compinche, “ilustre” mirandés y aprendiz de butronero, jugaba a ser el poli bueno.  Pero si no ha tenido bastante desfachatez por hoy, terminemos con unos chistes de la marioneta de la familia, el doctor Cabrero afirmando: soy un tío de palabra y te conservo el precio pactado.

Aquí puedes verlo mejor…

doctor humor

¡Como para no conservarle el precio! Días más tarde el papá de su compinche vino a verme para vincular la continuidad de su hijo en el negocio a una transacción que les proporcionase la mayoría de Ágora; valorando en 70.000 euros más la caja el 100% de la misma. Días antes Cabrero intentó vender un 3% por esa misma cantidad. Iburo y Cabero, Iburo y su papi, tres magos de la alquimia financiera.

Y antes de decirnos adiós por hoy, unas palabras del mecenas del dúo sacapuntas: Alfonso de Salas, presidente y fundador de elEconomista, dándole caña a Blesa por no comportarse como debe y reclamando -como juez que es él también- que pague sus delitos con la cárcel. Como dijo Séneca, más seguro está en la virtud aquel que ya pasó por los vicios… Qué maravillosa es la Ecojungla.

¿No son fantásticos? ¿No te parece que ya ha llegado la hora de compartir este escándalo?

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6 comentarios en “¿Quiso Joan Cabrero estafarnos antes de “arruinar” el Ágora?

  1. Creo que con estos tios si los saludas con un apretón de manos luego debes contarte los dedos por las dudas jajajajajjaja y nunca saludarlos con un abrazo porque a la primera deben clavar el puñal como los mejores…….
    Nadie se va de este mundo sin recibir una buena hostia por sus actos…..
    Un saludo señor.

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  2. Puedes aclarar Carlos este párrafo:
    Días más tarde el papá de su compinche vino a verme para vincular la continuidad de su hijo en el negocio a una transacción que les proporcionase la mayoría de Ágora; valorando en 70.000 euros más la caja el 100% de la misma.
    Lo digo porque no me queda claro como con sólo el 3% se pudiesen hacer con el control del 100% y la caja de Agora.

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    1. Son cosas diferentes…

      El 3% es lo que Isaac vendía a Cabrero por 70 mil euros.

      El padre de Iburo se plantó con sus nene en mi oficina prometiéndome una nueva vida, de la mano de una nueva relación con elEconomista y su dinero. A cambio de mi tranquilidad y buen nivel de vida sólo pidió tener la mayoría de la empresa y comprarla a una valoración de 70 mil. O sea, hacerse con un paquete del 30% (yo tengo un 72) por unos 35 mil. La mitad de lo que Cabrero pretendió cobrar por un 3%.

      ¿Mejor Laureano?

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  3. Perdona Carlos, pero sigo sin entender que, de haberse llevado a cabo la operación, con solo el 30% de Agora y teniendo tú el 72%, consiguiesen tener la mayoría de la empresa, porque la mayoría del capital hubiese seguido en tu poder, o no?

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    1. Vuelvo a explicarlo…

      Iburo y Cabrero, por obra y gracia del papá del primero, exigieron que les vendiera un 30% -ellos ya tienen el 28%- para que Iburo siguiese en la compañía y no “robasen” más clientes. Y valorándola un 98% por debajo de lo que se había valorado semanas antes. Espero haberlo clarificado.

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