Emprendedor, que no decidan por ti ni el lobo ni la cabra

Como emprendedor, mi consejo es que no gestiones tu negocio obsesionado por el fracaso. Fracasar es algo que nos da pánico. Tampoco valores cómo van las cosas por el dinero que ganas, pues hay mucho de azar en todo. Exige a todo el mundo que genere valor. Nadie puede mantener por siempre los puntos fuertes de su negocio, por lo que debes ir por delante realizando cambios para que tus pies no se hagan de barro. Te aseguro que es duro volver a empezar. 

Pero para que puedas decidir el momento de cambiar el rumbo por ti mismo, debes mantener lejos de tu fuente de ingresos a las personas que pueden sabotearte desde dentro. No permitas que los que llegaron con todo montado te birlen aquello que creaste con esfuerzo y sufrimiento. Establece un pacto de socios que te proteja lo máximo posible del arribismo -yo no lo hice-, y ten presente que incluso así las cosas son lentas y poco previsibles en los juzgados. Incluso que si te dan la razón puede que te quiten parte del premio. Si quieren ser mayores, que no sea levantándote a tus clientes después de que se los hayas presentado tú.

Los que se suman a una mesa puesta y llena de viandas, acaban creyendo que tienen derecho a llevárselas a su casa aunque llegasen con todo puesto. Te lo aseguro.Y por supuesto no dudarán en partirte las piernas -metafóricamente hablando- cuanto alguien les susurre al oído que son más altos, más guapos y más listos que tú. Ojo al dato si uno de tus socios cambia de pareja de la noche a la mañana e inmediatamente cambia por completo el armario como si fuera un quinceañero.

Comparte la tarta sólo con quien realmente te mejore

Sé generoso, pero con quien lo merezca realmente. Pero no te sientas en deuda con nadie porque ganas un montón de dinero. No dejes que el católico que llevas dentro actúe socializando el beneficio porque la pérdida será toda tuya. Ya estás compartiendo con Hacienda. Que no se sienta importante quien realmente no aporte valor. Los que no lo aportan más que trabajo pueden ser tan desagradecidos como cualquier otro, y encima sentirás que te tomaron el pelo. No les des capital.

Ten sobre todo mucho cuidado con permitir que una amistad te haga bajar la guardia, especialmente si hablamos del típico “bien queda”. Los individuos poco recomendables se aposentan siempre en nuestro territorio como lobos con piel de cordero. Y si quieres mantener tus principios cuando soportes presión de un gran cliente del que depende tu estabilidad, ten siempre presente que los demás no han entendido lo mismo que tú cuando vieron películas como El Señor de los Anillos, Hasta el último hombre o ET. Lo siento, pero no estás rodeado de héroes. La gente potente no necesita rebajarse a mezquindades, pero la cabra y su pastor tiran al monte.

Desconfía. Luego, sigue desconfiando

Hay personas que no tenemos tiempo que perder y tendemos a confiar. ¡Se paciente para ello! Tienes toda la vida… ¡Desconfía! Es jodido porque puede ir contra lo que llevabas dentro, pero has decidido ser empresario… ¿No? Pues te fastidias.

Desconfía de los que tienes a tu alrededor. Sobre todo, sobre todo, sin son gente de poco talento que has ido reclutando cuando todo estaba funcionando, de los que llegan cuando la oscuridad de la noche ha pasado, de los que justifican su retraso con una sonrisa y alguna razón que tu buen corazón comprará. Pues usarán esas cartas, las que regalaste, cuando te apuñalen por la espalda. A un mediocre puedes darle un empleo, por supuesto, pero nunca acerques el paste a sus manos. Es un error, nada le debes a quien llegó por propio interés, y nada equitativo obtendrás de él al final del camino. No tienes una ONG en tus manos.

Y no, tampoco debes premiar a esa gente con un gran salario y tus contactos profesionales para que sientan que están seguros a tu lado. No protejas tampoco a los que no están a la altura de las expectativas que te vendieron. Si tú lo sabes, ellos lo saben, pero ignoran que tú jamás te los sacarías de encima para hacer más dinero. De hecho es lo que más temen porque es lo que harían estando en tu piel. Cuidado con los mediocres que crecen a tu lado al amparo de conceptos emocionales como la amistad o la lealtad si no estás dispuesto a perder los principios que sustentan tu mundo material: te apuñalarán para mantener sus privilegios cuando no quieras caminar por la senda que les permite seguir viviendo como pachás. No importa el tamaño de las buenas razones éticas que tengas, eso no les detendrá. Cuando llegue el momento de hacerse con lo tuyo lo harán con una inquina de la que no darás crédito, liberando toda la frustración que han sentido tras años en los que comieron de tu mano y vivieron de tu generosidad mientras barruntaban en sus cocos que merecen el cofre del tesoro tanto o más que tú porque que tú lo montaras todo fue sólo un golpe de suerte.

Cometerás un grave error si compartes tu negocio sólo porque te abruma llevarte la parte del león. ¡Comparte! Pero sólo con quien ponga a tu negocio en otra liga. De otro modo, sigue sólo. Cuidado con tus buenas intenciones, porque el infierno está lleno de ellas.

Si te permites un butrón, tendrás butroneros

Si tus principios no son los mismos que los de tus socios has empezado a cavar tu tumba. Piensa siempre en Nassim Talleb y sus cisnes negros, en las devastadoras consecuencias que puede provocar en tu negocio que se produzca lo que aparenta ser poco probable. Hay más lobos y serpientes de los que imaginas.

No confíes tampoco demasiado en los contratos y en las leyes como algo que evitará que te revienten. Exigir el cumplimiento de los mismos es un camino lento, costoso, y no necesariamente justo en un país donde los derechos están por encima de todas las obligaciones; sobre todo de las obligaciones morales. Esto no es el mundo anglosajón, aquí no se respeta la propiedad, siempre se encuentra una excusa para justificar la acciones que van contra ésta. Al fin y al cabo, el dinero se considera una cosa de mal gusto aunque casi todos lo quieran. ¡Algo habrá hecho para tenerlo! Cosas de católicos.

Pero si pese a todo lo que voy contándote para que no cometas mis errores, quieres poner en el capital de tu compañía a medianías para que se sientan queridos tras cometer la temeridad de poner una parte significativa de tu negocio en manos de un cliente grande y recurrente como hice yo creando Ecotrader para elEconomista, ten presente que generas con ello un punto débil enorme. Así que en tal caso, acepta dos consejos de este amigo: 1. dedícate a generar caja y más caja mientras tu modelo de negocio no sea otro. Afortunadamente, yo tuve claro eso siempre y es lo que me ha permitido reflotar mi compañía sin arriesgar el grueso de mi patrimonio. Si tienes caja e ideas razonables todo acabará siendo una oportunidad para mejorar aunque te cueste un montón de dinero a corto plazo. 2. no seas tan idiota para pagarles lo mismo que te pagas a ti mismo. ¡No te lo van a agradecer jamás!

Hay muchos modos de llegar a la catarsis, y que te den más tortas que a una estera puede no ser la mejor forma de darte cuenta de qué es lo que al negocio no le viene bien. Decide tú cuándo y cómo hacerlo, que no sea tu entorno el que te obligue a ello.

Desconfía de tus buenas intenciones, ten un pacto de socios pasado por las manos de un abogado con mala leche, crea una gran caja lo más pronto posible y págales según lo que produzcan. Cabreros e Iburos protestarán, pero será tu salvavidas. Eso no te convierte en mala persona.

Y ahora te dejo con Eldorado y sus Juegos de Medianoche. Un emprendedor es un Romeo enamorado de su empresa, así que viene al pelo para ilustrar de qué va el juego… Hay amores que matan, y no hay suerte que sirva para mantener en pie a tu negocio llegada la hora de la fatalidad. El juego consiste en ver.

¡Nos vemos en la Ecojungla!

 

 

 

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3 comentarios en “Emprendedor, que no decidan por ti ni el lobo ni la cabra

  1. Las buenas sociedades son impares y está muy claro que nunca pueden llegar a tres. Tu estabilidad económica y emocional depende de esta máxima.
    Las empresas no son ONG , eso sí a través de Hacienda contribuye a ellas.

    Me gusta

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