Vamos a seguir aburriéndonos mientras sea posible

Un viejo dicho anglosajón viene a decir que lo mejor que puede pasarnos es no tener noticias. Los que nos dedicamos al mundo de la empresa sabemos qué cierto puede ser eso. El humano medio, y me considero parte del clan, concede mucho más valor a un inconveniente que a la buena nueva.

Nuestro cerebro no ha evolucionado amando los desafíos porque, en un mundo donde eso sea la regla y no la excepción, los genes del individuo que se siente atraído por ellos tiende a no reproducirse. No se debe a que su semilla sea recesiva, por supuesto, sino a que no suele sobrevivir el tiempo suficiente. No descendemos de los más listos, sino de los que corrían más rápido.

Alégrese por tanto cuando no pase nada, sobre todo después de una fulgurante subida. El simple hecho de que no haya correcciones sensibles es la buena nueva si practica la paciencia, madre de la ciencia y la tendencia. Y en la tendencia hace meses que no tenemos novedades muy relevantes. Eso es fantástico, entre otras cosas, porque uno labora poco si hizo el trabajo a tiempo. Y qué quiere, yo me siento muy español, cosas de la catalanidad entendida de un modo más habitual del que quieren hacernos creer en estos tiempos, así que reposo con sumo placer sobre el soporte que me ofrecen los beneficios cosechados durante meses de alzas, mientras cruzo los dedos para que estemos en un mercado alcista secular como parece y los movimientos puedan tener más que ver con los años ’80 y ’90 del siglo pasado que con buena parte de lo que nos ha traído un XXI en el que se han vivido ya dos grandes crisis. Evidentemente muchos esperan, temen o desean la tercera, pero como sabe no es mi caso.

 

Pese a ello, soy humano, siento como mío lo que hoy se cotiza por mi cuenta y me fastidiaría mucho tener que devolver demasiado cuando llegue una corrección significativa como la que, por ejemplo, tuvimos durante 2015. De momento sigo sin verla, no tengo suficientes argumentos de sentimiento inversor para hablar de un mercado que haya conseguido condiciones para la gestación de un mercado lateral o bajista que pueda corregir sensiblemente a la tendencia alcista de fondo en este momento. Lejos de ello, veo a los índices en zonas nunca alcanzadas en gráficos total return, peleando en Europa por la subida libre absoluta y generalizada de ese modo en el que pocos consiguen mantenerse en ellas: las alzas verticales y con pocos altibajos generanangustia, vértigo, la sensación de que algo tan bello no puede durar mucho. Pero a veces lo hace. Más veces de la que los analistas tienden a recordar o tolerar.

Entre mis fantasmas están en este momento los bonos. No me tranquilizaría tener que enfrentarme a una fase descendente de los tipos de interés en el lado largo de la curva. Tampoco que la recaída del crudo que se producía el jueves sitúe al barril norteamericano por debajo de los 42/44 dólares. Y por supuesto me inquietaría mucho que el Dow Jones Transportes y/o el Russell2000 pierdan los mínimos marcados durante 2017 que son los más bajos del último semestre -tome nota el que cree que Wall Street no ha hecho otra cosa que escalar últimamente- porque eso me hablaría de una divergencia por teoría Dow que rebelaría un mercado tocado en tendencia. Mientras eso no suceda, simplemente hemos visto a unas partes más fuertes que otras durante los últimos meses en Wall Street, a un Nasdaq de nuevo erigido en líder de la manada mientras el Russell2000 descansa. La vida, sigue igual.

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