12 + 1 sesgos que han hecho que te la pegues en el Popular

No voy a hablar esta vez de cómo la gente se queda sin calzoncillos en los mercados por pasar por alto el menos común de los sentidos. Ya lo hice hace meses con Abengoa, y conseguí con ello mi merecida ración de ciberenemigos. Reincidir podría parecer ventajista, así que me remito a lo dicho porque podría fusilar el artículo punto por coma cambiando Abengoa por Popular.

¿Por qué nos lo hacemos tan difícil? ¿Qué clase de sesgos cognitivos nos atan a lo malo conocido en lugar de a lo bueno por conocer?

 

Sin duda padecemos lo que se conoce como “sesgo de confirmación”: una vez Pepito dio un pelotazo con una castaña y multiplicó por seis en tres meses. Lo cierto es que Pepito, luego lo ha perdido todo en otros pelotazos que nunca sucedieron, pero es que él no sabe gestionar su buena suerte. Es cierto que Pablito y Martita no han conseguido el suyo aplicando el mismo tipo de táctica, y siguen esperando mientras corre el coste de oportunidad, pero es que yo soy mucho más listo que todos ellos (aquí interviene otro sesgo del que más abajo le daré cuenta: sobreestimación).

También nos afecta el “sesgo de disponibilidad”, aquello que tenemos mucho más presente en el inconsciente por la presencia en medios de comunicación siempre entrará con más facilidad en nuestra cartera.

Somos juguetes en manos de la fortuna, decía Romeo, y también en manos del “efecto caverna” cuando invertimos. Éste hace que la mayoría de los inversores prefieran tener acciones de compañías de su país de origen. Esto sucede incluso en un lugar que se odia a sí mismo, como es España.

El sesgo “improbable favorito” también nos acompaña. Es un gran conocido del negocio de las casas de apuestas muy ligado al “sesgo de confirmación”. Por esta disfunción mental el hombre común prefiere la apuesta arriesgada, el improbable favorito, la acción que promete ganancias elevadas a la monotonía de una ganancia menor aunque recurrente. Aburrirse, que es lo que hace esencialmente un buen trader/inversor la mayor parte del tiempo, no es una opción.

El “efecto anclaje” es uno de los más influyentes. Para un inversor pillado en un valor, la opción de mantener la posición será siempre preferida a todas las demás. ¿Qué más da si los fundamentales se han ido al garete? ¿Qué más da si la tendencia ha cambiado por completo? Es más sugerente creer que el mercado se equivoca. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, decía un conocido mío… Y lo contrario. La mente común abocada a la incertidumbre se siente más cómoda jugando el papel de Sísifo que arriesgándose a hacer lo debido; pues teme que después se produzca lo que durante tanto tiempo esperó irracionalmente.

Por supuesto nos afecta la “falacia del apostador”, la loca idea de que como el Popular lleva muchos días cayendo hoy es el momento de verlo rebotar.

Pero es que la cosa no termina aquí, tenemos que llegar a doce más uno…

Padecemos lo que la psicología clínica denomina “sesgo de búsqueda del equilibrio” por el que una vez perdido dinero tendemos a tomar mayor riesgo para recuperarlo; lo que nos lleva a promediar. Dame las llaves, que yo controlo. Sólo será esta vez. Pónmela otra vez, Sam… Y el problema se va enquistando más y más.

También el sesgo de la “contabilidad mental”, ese efecto que ha provocado que “aislemos” en un compartimiento estanco de nuestra mente algo que no va bien y nos despreocupemos de ello hasta que resulta demasiado tarde para enfrentarlo sin sentirnos absolutamente idiotas (en el mejor de los casos). No se pierde hasta que no se vende…, lo habrá oído cien mil veces en la boca de un fracasado.

Por supuesto nos afecta la “falacia del apostador”, la loca idea de que como el Popular lleva muchos días cayendo hoy es el momento de verlo rebotar aunque sea una castaña. Para la gente es difícil entender un suceso aleatorio incluso cuando es independiente.

Elegimos el Popular y no una gran compañía que viene haciéndolo bien desde hace años en el Nasdaq porque padecemos de “evitación del arrepentimiento”. Comprar algo que todos compraron o podrían haber comprado en algún momento, estar arropado en la derrota, es mucho más atractivo para nuestra mente que la posibilidad de obtener un éxito rotundo invirtiendo en Netflix o Ulta Salon.

Por supuesto, padecemos de “exceso de autoconfianza”, sesgo que nos lleva a considerarnos invulnerables. El mercado se equivoca, no yo. A lo que el mercado contesta lo que decía un cura de mi colegio: “Dios perdona, yo no”.

Nos salimos en lo que se denomina el “prejuicio del punto ciego”, desbarajuste cognitivo muy relacionado con el anterior. Todos sentimos que nuestra mente, que por supuesto es superior a la de la media, no está sesgada.

También juega y mucho en nuestra contra lo que los psicólogos denominan “efecto disposición”: problema de nuestra mente que nos lleva a mantener mejor en cartera a las pérdidas que a los beneficios.

Si esto que ha pasado con el Popular no es la primera vez que le sucede, entonces puede sacar pecho como campeón nacional del tiro al sesgo. Padece un acentuado “sesgo retrospectivo”, ese elemento característico de la mente humana que le hace más difícil aprender de sus errores que al resto de los mamíferos.

Le diría que no debe preocuparse porque todo esto lo humaniza. Pero detesto mentir.

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