Tus socios te matarán y, si no tragas, al juzgado te llevarán

Estimado emprendedor, lo más divertido del periplo judicial que te espera si buscas justicia cuando te destrocen la empresa -sea con la ayuda de los ya condenados “señores” de elEconomista u otros de semejante calaña-, es que allí donde esperas que te resarzan de las traiciones, las mentiras, la corrupción y los perjuicios será donde volverán a perjudicarte por tener la osadía de no poner la otra mejilla tras haber puesto el trasero.

Son varias las anécdotas que voy a ir contando en este otro plano judicial: el de los acusados. Hace unos días te hablaba de cómo se las gasta Iburo cuando de juzgados se trata, pero no es ni de lejos la más zalamera de sus hazañas. La desvergüenza del personaje da para que corran ríos de tinta si no de sangre… El socio de chiringuito de Juanito Cabrero es un hijo de papá en toda regla, y uno de los tipos más peligrosos con los que uno pueda toparse en la ecojungla. Es necesario que la gente no ignore lo poco fiable que es cierto dúo que se aprovecha de esa marca venida a menos que es elEconomista, a la que incluso Mediaset le ha puesto querellas.

De Iburo -al que otro metió en Ágora sin yo comerlo ni beberlo- le podrán hablar “maravillas” en el Banco Popular o en la antigua BSI. Lo que he ido sabiendo no tiene mucho que envidiarle a la que lió en Ágora, pero no lo leerá porque la gente prefiere correr un tupido velo: el dinero no quiere ruido, y poco me importa que otro tenga que pagar también una factura por esto. Y de eso se aprovechan los malos.

Este mirandés de relumbrón, obviamente estoy siendo irónico, dice desempeñarse hoy como agente de una entidad financiera, es allí donde machacó a Mr. K. junto a ese gran abrazafarolas que ponía al analista de Expansión a caer de un burro hace años.

Iburo estuvo dando tumbos por Madrid durante meses, creyendo que en elEconomista se le abriría el cielo a la luz de ciertas promesas sobre prevendas ilegales. No contaba con que yo había tenido la picardía de grabar ciertas conversaciones, ni con ser tan torpe como para enviarme varios correos que revelan como se pusieron en práctica las ofertas ilegales que se me hicieron para que pusiese la otra mejilla. Imagino que, con buen criterio, elEconomista dejó de suministrar clientes al dúo sacapelas cuando empecé a contar en este blog de qué fue toda la película. Ecotrader no paga a traidores aunque pague incompetentes. Y claro, el negocio se jodió.

Imagino que es también elEconomista el que le ha impedido cumplir sus amenazas de ponerme una querella por injurias y calumnias a la luz de lo que escribo, pues nada han hecho ni los unos ni los otros pese a haberme hecho saber cuales eran sus intenciones si continuaba con mi peripecia bloguera. Como imaginarás, lo último que le interesa a esta banda es que todo esto se visualice en un juzgado. Carlitos parece haberse desplazado a su Miranda natal, donde quizá pueda intentar ejercer de agente para los amigos ricos de papá. La tecnología le permite ejercer de telefonista de elEconomista en la distancia, y con la cola entre las piernas, a fin de “atender” a quien quiere suscribir a ese timo que es hoy Ecotrader. Es tan delirante todo que, a veces, cuando se le pregunta por esas cosas que él sabe que no puede realizar pero que intenta hacer pese a todo al margen de la legislación vigente, se hace llamar Felipe. De película de Berlanga.

Si no hubiera supuesto el sufrimiento de muchas personas sería un chiste, al fin y al cabo a todos los chungos de esta película lo de pegar palos llegada la hora de sacar partido, de un modo u otro, les viene de casta. El papá de Iburo vino a verme en aquellos tensos días de cuchillos largos en el Ágora, contándome que su retoño y Cabrero iban a controlar en adelante mi empresa por el bien de todos, y que íbamos a crecer por fusiones, absorciones y adquisiciones. Tuve que mirar bajo sus pequeños pies para ver si levitaba. Pero Iburo ha vuelto a casa de papi porque Miranda es algo así como la Omaha española. La marioneta se ha quedado sin patraña que representar.

ALFONSO

Acribillado y denunciado

Iburo intentó un autogolpe de Estado con piel de cordero: el accionista menos relevante de la empresa, tras incendiarla con Cabrero, iba a poner el dinero de su papi sobre la mesa para que pudiéramos estabilizar la compañía. Todo a cambio de que yo perdiera el control de la misma, condición sine qua non impuesta por elEconomista para alcanzar un acuerdo extrajudicial que nunca quise y jamás pedí.

Si yo aceptaba ese camino me ofrecían participar del gran futuro que vislumbraban para Ágora. Podía seguir ganando una montaña de dinero si me bajaba los pantalones. Si NO lo aceptaba, debería pagar nuevas consecuencias pese a una situación financiera cada vez más paupérrima. Si no aceptaba bajarme los pantalones después de que ellos hicieran lo propio con sus braguitas, él también se marcharía de Ágora y se llevaría a sus fieles (que había sobreestimado de forma magistral); lo que supondría incrementar las abultadas pérdidas que iba a soportar Ágora de  forma inmediata. Yo preferí partirme la cara y darles en el hocico con una sentencia judicial que los condenara.

La verdad es que, traiciones al margen, me pareció casi bien la posibilidad de sacarme de encima a unos incompetentes a los que tenía bajo mis alas. No parecía tan malo a largo plazo. Luego me di cuenta de que el nene, además, había reventado la tarjeta de Ágora a lo grande, como espero se verá en su momento en un juzgado. En ese momento mi intención de tener un desenlace pacífico con el trasgo cambio.

Lo creas o no, fui yo quien acabó en el juzgado. El desenlace te lo cuento en mi próximo post sobre la Ecojungla.

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4 comentarios en “Tus socios te matarán y, si no tragas, al juzgado te llevarán

  1. Unas dudas.

    Si Ágora cumplió sus obligaciones y prestó sus servicios de acuerdo a lo estipulado en el contrato y elEconomista no, ¿por qué elEconomista no ha sido condenado a pagar la totalidad de la cláusula? ¿Es la sentencia firme o caben recursos? ¿Cuál es la relación que existe en la actualidad entre Ágora y los señores Cabrero e Iburo? ¿Por qué nadie comenta sus artículos en El Confidencial? En lo relativo a lo que en su día escribió Cabrero sobre Hódar, ¿por qué ahora lo critica y en su momento le reía las gracias? ¿Actuó de mala fé con sus clientes sabiendo que en su empresa prestaba sus servicios gente tan ineficiente, mediocre y perjudicial (según usted, obviamente) como los señores Cabrero e Iburo? ¿O se dió cuenta de eso una vez lo echaron de elEconomista? ¿Por qué siempre está insultando a la gente en Twitter?

    Espero que me lo publique (sin editar, por supuesto) y me responda. Si no, lo edito yo y lo publico en rankia y finect, además de en tantos foros, blogs y webs relacionadas con el tema de la bolsa como me sea posible.

    Un cordial saludo.

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    1. Estimada Cabeza…

      Yo me pregunto lo mismo: cómo un juez puede ser tan claro: el contrato NUNCA debió resolverse y moderar. Cosas de la justicia en este país, que por eso algunos han preferido acudir a ella que a pagar. La sentencia ha sido recurrida por Ágora por tanto. elEconomista no lo hizo. Iburo y Cabrero son socios de Ágora. No puedo responder a esa pregunta, será porque no he parado de acertar y a la gente sólo le gusta comentar errores…, ya llegarán. ¿Hódar? Léase de nuevo el artículo querido, la respuesta está en él. No, no actuamos de mala fe… Digamos que soy un hombre paciente. ¿Insultando? Quizá algún comentario con desprecio hacia algún mermado… Pero como en su caso, respondiendo siempre a algún tipo de ataque que alguien me ha esputado con escasa inteligencia; más o menos como pasa en este caso pero con muchas líneas para solventarlo (y no, no se equivoque, la verdad no es un insulto aunque a usted le resulte poco grata).

      Puede usted publicarlo en todas las redes que quiera aunque haya cedido a sus “amenazas” para reírme un rato. Me da usted tanto miedo como elEconomista y sus lacayos. Eso sí, hágalo dando la cara, con nombre apellido y DNI, no sea tan cobarde siempre.

      Un besito.

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