Paseando con butroneros por el juzgado

 

Te introducía en mi anterior post algo que te puede sorprender si un día te matan tus socios: que acabes siendo tú el primero que recibe una citación judicial dentro de la guerra brutal de tribunales que se va a producir si no dejas que te arrollen por delante y por detrás. En mi caso, fue el pequeñín de la casa el que dio el golpe -tras haberme advertido con acabar de hundir la empresa si no hacía lo que elEconomista y él querían, cosa que a mí me sonó a extorsión-,  denunciando falsamente a la empresa de la que era socio fundador y primer ejecutivo.

Iburo denunció a la empresa de la que era Consejero delegado y propietario por algo tan delirante como encubrirle en la figura de autónomo falsamente. Lo que oyes…

A la empresa de la que fue Consejero Delegado durante varios años, en la que contrataba y despedía al personal, en la que parece tenía instalada una tiranía según he ido descubriendo -yo me había marchado de Madrid hacía años para no frenar la carrera de mi esposa-, en la que seleccionaba los abogados que quería (ya hablé de una vez en este blog del peligro que tiene la gente de cierto despacho llamado Bossar)… Iburo denunció a la empresa donde elegía los servicios externos informáticos que deseaba, a la empresa para la que seleccionaba los auditores que le parecían más convenientes -quizá por eso alguna cosa se colaba sin cantar demasiado-, a la empresa para la que alquilaba oficinas o para contrataba servicios de limpieza que luego iban a barrer a su casa, a la empresa en la que se concedía bonus sin pedir permiso a nadie semanas antes de abandonarla -sigo confiando en que al menos tenga que explicarlo en un juzgado-, a la empresa a costa de la cual cenaba y comía casi a diario sin tener permiso para ello: se reventó unos 30 mil euros en dos años en todo tipo de gastos injustificados pese a tener 1.000 euros mensuales en cuenta para representación- , poniéndole cama de hotel a sus padres cuando le parecía oportuno o comprándose artículos de fumador o ahumados cuando le parecía menester… Todo un virrey.

A pesar de instalar una cleptocracia en el Ágora, entregado a la gula y otros pecados capitales con la tarjeta de una empresa de la que sólo poseía el 10 por ciento, este trasgo de las finanzas tuvo las narices de irse a un juzgado y denunciarnos por su condición de autónomo encubierto en cuanto tuvo consciencia de que yo no iba a dejar que unos butroneros -obviamente Juanito Cabrero no movió un músculo cuando se enteró de un latrocinio del que acabó siendo cómplice- se instalaran en mi silla con el apoyo de elEconomista; que había detectado quienes eran los corruptos que podían aceptar sus planes para Ecotrader.

eco

El delirante juzgado de lo laboral

Si eres empresario y te ves atacado por en el juzgado por gente que trabaja contigo o para ti, algo que sucede en España frecuentemente -como tan frecuentemente se denuncian muchas cosas sólo porque la ley prejuzga a una parte de la sociedad por cuestiones de ideología de género, raza o profesión-, date por feliz si sales con un acuerdo antes de entrar en la sala. Incluso si tienes razón. Lo que yo he vivido allí roza el delirio.

Este episodio judicial no fue menos patético, pues aún teniendo todo tipo de documentos, facturas y estas grabaciones que aquí voy posteando, el secretario judicial nos hizo saber que (aquella mañana estaban saturados y) era mejor para Ágora llegar a un acuerdo porque en el hipotético caso de que se nos acabase condenando, por improbable que resultase, la empresa podía tener que soportar una sanción cercana a los 100 mil euros. A buen entendedor, pocas palabras bastan…

Ahora, asimila eso en tiempo real frente a quienes te acaba de dejar en bragas, sabiendo como sabes que necesitas hasta el último euro de la la caja para intentar reflotar la empresa sin enviar a nadie a su casa.

Pese a ser el personaje el auténtico amo y señor de la empresa durante dos años, tuve que soltarle otro premio. Sin escrúpulos ni conocimiento alguno de la vergüenza, pues hablamos de un tipo que arrasó con la tarjeta de empresa durante los dos años en los que le permití dirigirla, el pequeñín de la casa se levantó otros los 12 mil euros a cambio de dejar a un lado sus amenazas e irse a tomar viento fresco. Así es la justicia en España querido emprendedor, bienvenido a la ecojungla.

 

 

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2 comentarios en “Paseando con butroneros por el juzgado

  1. O sea, que hasta ahora el balance es: hacer el ridículo escribiendo chorradas en un blog, perder un trabajo, perder el contrato más importante de su empresa y pagar al Sr. Iburo 12k euros para evitar ser condenados. Es usted un genio.

    Entiendo ahora que sus palabras destilen tanto rencor y tanto odio. Debe ser duro pasar por todo lo que ha pasado.

    En cuanto a todas las acusaciones de delito que profiere hacia el Sr Iburo, caben dos posibilidades: que el señor Iburo lo denuncie o que usted denuncie al Sr Iburo.

    Suerte amigo.

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    1. Para no ser condenados no campeón, para no correr el improbable riesgo de serlo y poder seguir pagando a los empleados que dejaron tirados Cabrero e Iburo, que son cualquier cosa menos señores. En cuanto al balance, en realidad es muy positivo, pero no habría aprendido nada si perdiera mi tiempo en contárselo a un personaje de su perfil. Lo siento, pero paso.

      En cuanto a las acusaciones, las que yo formulo hace tiempo que están en los juzgados y parte ha sido ya ganada: elEconomista está condenado. Sí le anticipo que vendrán nuevas acusaciones a su debido tiempo. Tras la sentencia judicial y las declaraciones de los testigos Cabrero e Iburo se valora la presentación de una querella por corrupción entre particulares y unas cuantas por falso testimonio. Por lo que escribo yo, en cambio, sigo sin tener que responder ante nadie… ¿Por qué será?

      No sea tan duro con el mundo hombre, el odio es otra cosa. Esto es pura obra social, sin más, aunque nunca he pretendido que todo el mundo tenga entrañas para entenderlo… Cuídese querido.

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