El representante legal de elEconomista mintió en los juzgados

Aunque he hablado largo y tendido sobre cómo Editorial Ecoprensa, la empresa que se pasaba por el forro sus principios liberales, abusó de un proveedor y de este servidor, el objeto de este blog no es ese. Ni tampoco lo es retratar al desalmado de Carlos Iburo o al mediocre de Joan Cabrero.

El objetivo de estos posts es hacerte entender la clase de terreno que pisas cuando haces negocios en España. Y no te salvan de ello buenos contratos, porque la batalla en los juzgados es desigual en tanto en cuanto que los malos se sirven de los pocos medios con que se dota a nuestra justicia. Aquí nos importan más las subvenciones…

Y aunque ganamos a elEconomista en los tribunales tras dos años de duro desgaste, por mi parte esto no habrá concluido mientras no cuente toda la historia. Esta es una saga sobre de la España profunda a la que le quedan aún algunos episodios memorables que se produjeron en sala judicial, en base a los cuales espero que pronto mis abogados tengan a bien emprender nuevas acciones legales. Con la victoria en la mano, que todo debe hacerse a su debido tiempo, estudiamos una demanda contra al menos cuatro de sus testigos por falso testimonio, aunque podríamos emprender más porque no se salvó ni uno de sus testigos- y otra, colectiva, por corrupción entre particulares.

Se reveló mucha falsedad y deshonor en sala judicial, pero seguramente mi momento favorito fue aquel en el que el representante legal de Ecoprensa admitió que el problema era yo. Tremenda metedura de pata que apuntó el juez.

Evidentemente, si yo era el problema poco podían hacer dado que no era conmigo con quien tenían un contrato. Delató el inconsciente a Juan González, que intento arreglarlo inmediatamente… Pero lo cierto es que resulta muy extraño que una empresa haga las cosas mal y la sustituyas por dos de los tres socios de la misma que eran además la mayoría del su consejo de administración. O en Editorial Ecoprensa están locos o nunca creyeron que los jueces fueran a darnos la razón. De hecho fueron pavoneándose de ello por todas partes, hablando de su “poder” para machacarnos en la hora de la verdad.

Escucha al ínclito González y alucina…

 

Mentir en un juzgado es un delito, y allí se cometió de forma reiterada testigo tras testigo por parte de elEconomista. En un alarde de imaginación y chulería, al representante legal de Ecoprensa se le ocurrió afirmar que nunca habían entablado conversaciones con Juan Cabrero antes de su salida de Ágora.

Sin embargo, resulta tan fácil demostrar lo contrario que quizá por una vez debiera avergonzarse Alfonso de Salas, su “liberal” fundador y Presidente, y poner a alguien en la calle.

Escuche, escuche a González…

 

Completamente falso, al señor Cabrero en la mañana del mismo día en el que se le presentó como nuevo Director de Estrategia –algo que el estómago agradecido de Cabrero negó en otro momento, y es que tampoco se contuvo el buenazo de Cabrero a la hora de faltar a la verdad-. Aquí tiene un pantallazo tomado desde la web de Ecotrader donde puede comprobarse:

judas

 

Un gran medio editorial de Madrid, con pérdidas millonarias a sus espaldas, no negocia un contrato de casi 400 mil euros al año -con una potente indemnización por incumplimiento en juego- en unas pocas horas con un tipo que vive en Tarragona. Menos, sabiendo como sabían que yo me iría de carrera a los juzgados.

Lo cierto es que Cabrero, que nunca viajaba a Madrid, se dio dos viajecitos por allí en las semanas anteriores, qué curioso, y a costa de la empresa que iba a demoler, Por supuesto con el beneplácito de Carlitos Iburo, que fue quien sacó los billetes, y sin que se reuniera en ningún momento el consejo de administración de Ágora.

Para más despitote judicial aportaremos un correo electrónico reconocido como propio por Don Judas Cabrero en sala judicial. En éste, que puede leer a continuación, se reconoce haber estado negociando desde antes de la rescisión del contrato. Aquí lo tiene, por si le apetece reírse un buen rato. Es mejor que llorar pensando en que estamos en manos de semejante gente.Judas

11 julio

Creo que se entiende bien aun estando en catalán, pero transcribo lo más importante de lo que Cabrero nos regaló en su estulticia:

Me OBLIGARON a la puta máxima confidencialidad…

¿Qué confidencialidad debía guardar Cabrerito si el contrato ya estaba roto y yo conocía perfectamente tal cosa? Evidentemente ninguna en tal caso? Pero el contrato no estaba roto cuando él negoció, obviamente. González mintió por tanto al afirmar que todo se negoció tras la ruptura.

Ellos querían romper el contrato y de milagro he podido conservarlo…

¿Querían? ¿Pero no dice González que ya estaba roto cuando negociaron con JC? Ay, poneos de acuerdo al menos por respeto a los tribunales mis queridos “liberales”…

No pudimos frenar a Gregorio And Company…

Por “company” entiéndase a la Santísima Ecotrinidad: Alfonso de Salas, Gregorio Peña y Juan González. Evidentemente el contrato estaba en vigor cuando negociaron porque de otro modo no habría que haber frenado a nadie.

Si te hubiera dicho algo ni tú ni yo tendríamos nada de elEconomista y por ahí no quería pasar.

O sea, no me había dicho nada antes de que se rompiera el contrato. Gracias butronero por aclarar por completo que Juan González mintió en sala judicial.

Y ya puestos, agradecido también por comentar que el problema era yo y no Ágora –no volien saber res de tú– y por dejar claro que te agasajaron como lo hace la mafia -contra la espassa i la paret-. Debe ser muy divertido trabajar así, en plan mafioso.

Y ahora, querido emprendedor, intenta tener un juicio justo en un país donde los juzgados están desbordados aunque todo esto haya sido dicho con el ánimo de robarte tu clientela de 10 años sin pagarte la indemnización pactada para ello. Querido amigo, piénsate muy mucho eso de montar empresas, y mucho más aún de relacionarlas con la Ecojungla. Y si pese a todo lo haces, no olvides nunca que tus socios son tu mayor debilidad y la fuente de la que pueden emanar tus más graves problemas.

ALFONSO

Nota: Sí, la ortografía catalana de Judas Cabrero es tan atroz como su conducta como consejero de una compañía y tan patética como el actual y desubicado look que le ha obligado a adoptar su ya entrada en años nueva esposa. Dios los cría, y ellos se juntan…

 

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