Carlos Iburo, desde elEconomista, mintiéndole al juez sin pudor

Esta última etapa de mi “cruzada” tiene que ver con la necesidad de mostrar a los clientes de Ecotrader quién se quedó para asesorarles. Creo que escuchar a gente mentir ante un juez resulta importante a la hora de plantearse en qué medida las recomendaciones serán limpias y desinteresadas o estarán a las órdenes de intereses que son los de los capos de la Ecojungla. Algo que, obviamente, desafía toda ética en un producto de inversión. Las mentiras judiciales son la traca final…

Ya he hablado de las mentiras gerencia de Ecoprensa y de mi jefe, sigamos ahora por mis socios con unas breves pinceladas de lo que espero se encuentren en su momento. Vamos con Iburo, el pequeño Bonaparte que se reventó una pequeña fortuna de la caja de Ágora en ágapes.

Según dijo ante el juez, fue porque tenía muchos clientes repartidos por todo España. Lo curioso es que todas las comidas y cenas fueran en Madrid, y que además nuestro amiguito no utilizara para eso los 1000 euros mensuales que la empresa ponía a su disposición para gastos que debía justificar. Seguimos confiando en que la justicia, con las nuevas pruebas que vamos a aportar en los próximos días, tendrá a bien juzgar éstos y otros memorables gastos como artículos de fumador, hoteles para los papás, o compras de ahumados; a todas luces gastos imputables a la actividad de una empresa de asesoramiento de inversiones (modo ironía off).

Iburo, parece no haber puesto esta parte en conocimiento del juez en la querella por “injurias y calumnias” que parece haber puesto. Hoy he recibido una nota judicial que me comunica que se va directamente a la papelera por obra y gracia de su señoría,  al que se ha puesto frente a estos posts. La ley ha dicho que ni una cosa ni la otra, que no hay nada que juzgar en relación a estos posts por mucho que le pique a Iburo lo que aquí se publica. Igual le dedico otro post al tema para que nos riamos otro rato. Gracias Carlitos, porque también contigo empezó todo…

Bueno, el caso es que el pequeño de la casa se plantó ante el juez que juzgó y condenó a elEconomista con su habitual condescendencia, como buen niño de papá, hasta el punto de que éste tuvo que decirle en un par de ocasiones que iba por mal camino intentando esconder información, alterándola o mintiendo directamente. Aquello fue una vergüenza de seis horas. El juez, por supuesto, lo hizo notar. Debió encenderse por dentro cuando luego llegó su compinche de chiringuito financiero, Cabrero, y lo dejó en evidencia sin que quedase lugar a la duda….

Carlitos Iburo: no, yo era, a ver, yo era el responsable comercial de la empresa, yo me dedicaba sobre todo a hablar con clientes… (pocos Carlitos, muy pocos, te tocabas mucho la panza según tus empleados, aprovechando que yo no podía vivir en Madrid y controlarte)

El juez: (va asintiendo ante la incredulidad que le genera su respuesta)

Carlitos Iburo: o sea, mi relación con…, con elEconomista, era…, evidentemente existía pero era muy reducida.

Por si queréis escucharlo:

 

Iburo pretendió hacer un Forcadell, él no sabía nada del tema éste en realidad… Evidentemente el juez lo caló (es lo bueno de tener experiencia con gente que se salta las leyes), pero supongo que cuando escuchó a Cabrero debió tener más ganas que yo de ponerles un pleito por falso testimonio…

Juanito Cabrero: no tengo ni idea…

Abogado de Ágora: bien, en cualquier caso, cuando ese problema, técnico, que es ajeno a nuestro conocimiento sucedió… ¿Cómo se solventó? Es decir, ¿Cómo se subía la tabla diariamente? Puesto que estuvo un tiempo sin servicio la web de Ágora…

Juanito Cabrero: yo, mmm, esto…, seguramente Claros Iburo se lo, se lo habrá contestado mejor que yo (Cabrero siempre tartamudea cuando miente), porque yo se, yo, me encargaba de, una serie de cosas, yo, exactamente, no sé cómo se subió porque yo nunca las subí…

Abogado de Ágora: y dice usted que el señor Iburo sí sabía de todo esto…

Juanito Cabrero: bueno, él como consejero delegado, y que lleva todo el tema… muchísimo temas (intenta arreglarlo comiéndose la palabra elEconomista, pero la caga aún más) el sabía detalles como esos…

 

El gran Juanito, el “analista” que arruinó a Mr. K., otro que también faltó a la verdad todo lo que pudo y más, por supuesto, había clavado en cruz sin quererlo a su compañero de butroneo. Vaya por delante que el pieza sabía perfectamente cómo se hizo todo y que todo se hizo de forma tan profesional como siempre, inmediata, y pertinente, tal y como afirmaron los clientes de Ecotrader como el propio juez hizo notar. Pero él, por si acaso, se quito de en medio. Es muy cobarde, realmente muy cobarde.

Sucia, cobarde y mentirosa Ecojungla.

 

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