Análisis técnico, la mejor medicina en el pánico…

Este es el articulo que esta mañana recibían nuestros clientes de suscripción vía correo electrónico además de en la web de Ágora EAF. Intentábamos ofrecerles unas pinceladas sobre cómo proceder en un momento tan emotivo como el que nuestros clientes viven tras verse arrastrados por un desplome tan histórico como imprevisible…

Hemos vivido una de las semanas más duras de los últimos años. No hemos podido cumplir, quizá por primera vez en nuestra historia, con la misión de proteger capital de modo evidente. Las escasas ventas realizadas en enero resultan insuficientes para hablar así, incluso aunque hayamos mantenido durante todo el último rally una exposición alejada del 100 por cien o sus inmediaciones. La zona del 70 por ciento sigue siendo excesiva para enfrentarse al mercado por muy claro que tengamos el camino: participar con visión de largo plazo es uno de los mejores modos que existe para capitalizarse y de protegerse de la inflación.

Nuestra idea, reducir cartera con el mercado en sus objetivos alcistas mínimos, no se había visto completamente desarrollada. En 2014 nuestros clientes fueron muy críticos con nosotros por abandonar el mercado cuando el sentimiento inversor se hizo muy extremo. El S&P500 subió otro 15 por ciento antes de caer, y nunca alcanzó nuestra zona de salida. No deseábamos repetir la experiencia, pero sí reducir hacia la zona 40/50 puntos con el Nasdaq100 en los 10.000 puntos. No nos ha acompañado la suerte por un par de puntos porcentuales.

Las velas mensuales obligan a una reducción de exposición aunque los gráficos muestren un mercado norteamericano (y europeo) que resiste sobre sus primeros soportes en medio plazo de forma general. Nos sentiríamos más cómodos con menor exposición tras los acontecimientos de febrero, nuestra pretensión es buscar el momento para hacerlo, que lógicamente estará lejos de los altos del ejercicio y podría encontrarse en la zona de los 12.800 del DAX30 alemán. No hemos sabido combatir adecuadamente la euforia, pero no por ello debemos dejar de gestionar con técnica el pánico; aunque pueda ser a riesgo de tener que resistir un mercado bajista muy cargados de renta variable por primera vez en nuestra historia desde los tiempos de Bolságora.

El mejor argumento que podemos plantear para mantener la calma está en el mal llamado índice del miedo: el VIX. Alcanzados sus 50 puntos, lo más probable es un suelo o rebote sensible. Sólo las dislocaciones de mercado al estilo 2008, sólo los eventos descontrolados, riesgo que habrá que ver cómo enfrentamos si salta al alza ese nivel del VIX, juegan en contra de esta decisión. Hablamos de excepciones realmente excepcionales. Una excepción dentro de las excepciones, de hecho, es lo que la ruptura de los 50 puntos del VIX significaría tal y como hemos explicado este fin de semana en El Confidencial: no hay rastro de mercados bajistas empezando de este modo, con una caída superior al 10 por ciento desde los máximos históricos, sin que antes se vivieran unos días de distribución, sin el menor rastro de debilidad en los índices de referencia general antes de que se produjese el desplome.

Desde que tenemos datos, años ´90, el VIX ha alcanzado la zona de los 50 puntos en unas pocas ocasiones, siendo la de la semana pasada la décima. En 1997 y 1998 en mercado marcó mínimos dentro de la tendencia alcista en curso, si bien en 1998 se requirió de un ligero mínimo adicional pocas semanas después antes de que se forjase el nuevo mínimo en tendencia.

En 2001 el mercado marcaría mínimos junto al VIX, rebotando de forma impresionante aunque no coincidiría con el final del mercado bajista. Esto sucedería en 2002, con el VIX en la zona de los 50 puntos, aunque el mercado requeriría nuevos mínimos descendientes y tardaría largo tiempo en regresar el dominio comprador.

En 2008 el mercado reventó la zona de los 50 puntos, y el mercado bajista fue largo y sanguinario. Es la excepción a una clara regla. La etapa subisiguiente de volatilidad es por tanto muy irregular, lo que nos obliga a no considerar las subsiguientes veces que se alcanzan los 50 en meses posteriores por suponer de hecho un VIX con máximos descendentes y no un pico de volatilidad.

Con el mercado normalizado, el VIX regresa en 2010 a los 50, tras haberse relajado completamente la volatilidad con el rally alcista de 2009. El mercado rebotaría de inmediato, aunque el suelo requeriría de varios meses y nuevos mínimos descendentes. Sucedería algo similar en 2011.

En los últimos años hemos tenido otros dos casos antes del que vivimos hoy. En 2015 los precios marcarían mínimos junto al mercado en el corto plazo, pero requerirían nuevos aunque ligeros mínimos descendentes meses después. En el caso de 2018 la situación se hizo más complicada: el mercado marcó nuevos mínimos descendientes en precio sin que el VIX superase los 50, de forma inmediata, lo que es excepcional. Sin embargo, el rebote no tardó en llegar y también fue relevante. Con todo, el mercado lateral/bajista que se iniciaba en 2018 requirió de una segunda corrección y muchos meses de desarrollo.

No sabemos dónde estamos en este momento, pero el pasado invita a dos cosas:

1. Esperar un rebote antes de cerrar posiciones, asumiendo el riesgo de dislocación, al menos mientras el VIX no rompa los 50 puntos.

2. Reducir posiciones durante el rebote hacia un nivel de exposición cómodo en un mercado que no premie a los alcistas, porque en un gran número de ocasiones el mercado ha requerido de recaída una vez alcanzadas estas lecturas de volatilidad.

Los suelos de precios con máximos descendentes en volatilidad con respecto al nivel 50 del VIX, son eventos más frecuentes que los suelos en los que el mercado se invierte definitivamente tras alcanzarse la zona de los citados 50 puntos. Parecería extraño que el mercado hubiera vivido bastante caída en esta ocasión tanto por lo escaso tiempo que ha necesitado la corrección (hace unas pocas sesiones el mercado marcaba máximos históricos) como por las velas mensuales desplegadas de forma general en febrero.

Esperar un rebote, sin dejarse llevar por el pánico, y buscar refugio en un rebote sensible, parece ser lo más razonable en estos momentos.

 

 

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