Soy discípulo del dolor

Ludwig Van Beethoven dijo una vez que debíamos considerar a las dificultades como peldaños para una vida mejor. Cuentan que afirmaba que era discípulo del dolor. Asumir que el dolor es parte inherente de la vida, que resulta inevitable en nuestro tránsito por el mundo, también en el de la inversión, la especulación o el trading -llámele como quiera porque es todo lo mismo-, no me parece un mal modo de empezar cualquier acercamiento a él. Otra cosa, es pura ingenuidad por parte de quien busca el grial o pura mezquindad por parte de aquellos que hemos vendido picos y palas. Continúa leyendo Soy discípulo del dolor

Los”inconvenientes” del análisis técnico

Escribía hace unos días sobre los puntos fuertes del análisis técnico, que pienso que los tenemos, y hoy toca, por supuesto, hablar de nuestras “vergüenzas”, de esas cosas que se nos han reprochado siempre con tan efusiva como elevada altura de argumentos. Continúa leyendo Los”inconvenientes” del análisis técnico

Los puntos fuertes del análisis técnico

Tras hablar de los usos del análisis técnico, no sin cierta socarronería, vamos a echar un vistazo en los próximos tanto a sus ventajas como a sus límites. Me parece bueno que vayamos deteniéndonos en estas cuestiones que se suelen pasar por algo, como pasamos por alto las instrucciones del nuevo computador que hemos adquirido, y trasteamos sin pensar detenidamente en lo que tenemos entre las manos. Así me ha parecido desde hace muchos años que se hace también con mi disciplina, y reconozco que soy el primero que pongo el CD en la consola casi sin quitarle el plástico. Pero ¡ay amigo! En mi play tengo todas las vidas que quiero… Cabe también que el rarito sea yo y que tú no hagas nada de todo esto. Por supuesto.

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¿Pero para qué sirve en realidad el análisis técnico?

Pienso que con el tiempo, una persona honesta que se dedique a esto de los gráficos tiene un único objetivo: trabajar. Sí, sí, trabajar… Aquí donde me ve, con este aire chulesco que cultivo como la gran coraza que es, he tenido que ser vapuleado reiteradamente para no creerme mi mundo imaginario -cualquier día, mi amigo de la infancia escribe algo en entre2santos sobre el país en el que vivo cuando no se me llama al orden-. Yo también tuve 20 años y creí, tras haberme leído media docena de libros de “ciencia” ficción, que con unos cuantos charts intradiarios y mucho apalancamiento iba a ser un market wizzard, ganar una fortuna y tener una calle en Reus donde habría construido mi propio palacete.

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